Este año no haré propósitos de año nuevo. No deseo una vez más mirar sobre mi hombro y descubrir que no logré cambio alguno en lo que me proponía. Cada año la gente busca la varita mágica que sin mucho esfuerzo cambie su vida. Algunos deciden dejar un mal hábito, otros crear un estilo de vida diferente. Por ejemplo, mi vecino ha decidido ahorrar dinero para ir a Europa y una amiga desea comprar casa nueva.

Yo recuerdo otros años en que para finales de febrero, toda voluntad nos había dejado a mis amigos y a mí exhaustos y sintiéndonos incapaces de hacer cambios verdaderos.

En lugar de acumular más y más ideas, posesiones y conocidos, he decidido valorar lo que ya tengo y dejar ir lo que solo ocupa espacio inerte en mi vida.

Un vez, un indígena de la Sierra me dijo que le tenía lástima a sus “hermanitos”(nosotros), que vivíamos esclavizados por las cosas que poseíamos. El se sentía libre de compartir la tierra, el agua y la naturaleza dadas por Dios con todos los que le rodeaban. El sabía que todas las cosas estaban allí antes que él llegara y le sobrevivirían.

Su vida, decía él, era una jornada retadora pero pacífica, a través del paraíso de Dios. El tratar de apropiarse de una planta o animal era una ruptura con el sagrado vínculo que nos une a todos.

Después de escucharlo, me dije a mí misma:” Qué fácil ! ¿Pero, podría ajustarme a no tener barreras?” Mi cultura me ha enseñado a imponerme a mí misma y a otros, límites que nos definen a unos y otros.

Estoy consciente de que no puedo ser ‘nativa’, pero deseo aprender a tener menos, a estar menos limitada y a estar más comprometida con la vida.

Luego, sólo por hoy, disfrutaré del día. Trabajaré por la justicia, escucharé la música brotando de la gente y me maravillaré con las formas en que Dios obra. Mañana?.... En parte lo estoy creando ahora, con mi presente. ¡Les deseo que tengan un maravilloso día, cada uno de los 365 días del año 2002!