De frente al mar

Cuento Surrealista

 

Estoy sentada, de frente al mar.

¿Existo, soy un sueño?

Sobre el risco, bajo la ruina que fue templo,

he dejado de pensar.

El espacio sin limites se pierde entre la niebla, y una voz viene a decirme: “Solamente te tienes a ti misma”. La niebla se aligera, y surge de entre sus brumas una pared, y otra y otra, que van comprimiendo, estrechando; y luego la cuarta cierra el recinto y oculta la última esperanza; y yo, estoy dentro.

De lo alto del techo desciende la araña colgada de su hilo y me dice con sorna; “solo cuentas contigo misma”, y allá, en el fondo del rincón, como nacido de la bruma, surge un pequeño monigote de vestido oscuro y gorro colorado, mirando fijamente mi desnudez. Oh Dios, estoy desnuda! Completamente desnuda, con la limpia desnudez de mi cuerpo, de mi naturaleza. Me palpo, cubro mis senos, mis senos plenos, tibios y tersos acariciando mis manos. Un soporoso estremecimiento, me posee, mientras mi vientre vibra con extraña agitación al ritmo de los golpeteos que hacen las ruedas del ferrocarril.

Estoy desnuda en el risco -belleza de mis formas, limpieza de mi alma-, y mi visita llega allá, donde el mar inicia su marcha de olas que vienen a morir... Un dolor... otro más invade mis entrañas. ¿Qué soy? ¿Naturaleza, vida pura anhelante de una desconocida felicidad?

Se condensa la bruma, se vuelve niebla. Todo es niebla interrogante, de su espacio infinito, indescifrable. Me envuelve, me siento poseída por el momento misterioso de su sombra húmeda.

El teclear de la vieja maquina de escribir, golpea mi cerebro: tic tic, tictac, tic tic, tictac... y así, va huyendo, y la escucho cada vez más lejos, pero siempre insiste hasta perderse... Se escapa un suspiro de lo más profundo de mi razón. Oigo el golpe rítmico de las ruedas del tren, golpean contra las vías; pero yo, yo, estoy en ese espacio sin límites, escuchando solamente el ritmo sordo de mi corazón.

El vagón es grande, el tren se desplaza a la velocidad de la inconsciencia; afuera el paisaje se esfuma entre la niebla que quiebra su silbido y por momentos, se rasga para dejar ver los árboles verdes. El tren corre, corre, corre. Ahora sigue el curso de un río caudaloso, amplio, de aguas lentas y claras; el paisaje limpio se extiende al infinito.

Campos cultivados, una casita de techo escarlata, y sobre el tejado otra vez el grotesco muñeco del gorro rojo, traspasa con su mirada la intimidad de mi cerebro.

Ya no hay río, ya no haya árboles, solamente niebla y el correr desesperado de un tren que no se detiene nunca, simplemente corre hacia una meta de nada, entre la niebla implacable.

Hace calor, y el desierto levanta remolinos de tierra, las montañas ásperas repiten el eco con que vibran sus rocas de granito y rebotan en acantilados de basalto: “solo te tienes a ti misma”. Oh Dios, el tren es largo, con muchos vagones vacíos en los que yo, soy la única ocupante!.

Estoy semidesnuda, provocativa; vuelvo a tocarme, la turgencia de mis pechos tienen la textura de la seda y despiden perfume de violetas.

Estoy desnuda y recostada como una pintura de Bucher, en la imagen impresa de Play Boy, donde me ofrecen en su subasta......

El tren corre dentro de su inmenso círculo, sin punto de partida ni reposo. Ha regresado al rio, el gran rio de las aguas claras. No, ya no son las aguas claras, ahora está crecido y rojo, el rojo sangre se derrama invadiendo la tierra!. Es mi propia sangre que invade la superficie áspera. Yo soy la sangre, yo soy la tierra. ¿Qué soy yo?, ¿soy extraña? ¿Soy vida?.

En ese momento explotó mi cuerpo. El tren se detuvo, y en el recinto sin paredes rodeadas de brumas, el calor de la sangre se ha derramado en mis entrañas, se apagaron los ruidos, se derrumbo el cuarto muro, y encontré paz y felicidad. Aparecieron el monigote y la araña y antes de que pudieran decir nada, yo me dije: “solo cuentas contigo misma, pero hay otro que cuenta conmigo”.

En mi cama, en mi casa, estoy acostada con un recién nacido que succiona mis pechos generosos, a los que se aferra ese glotón que solo cuenta con ellos.

Luis Sánchez Mejía Guizard