Por: José Emilio Cruz Luna

Lo que aprendí de México y de Estados Unidos

En su reciente visita a su tierra natal, nuestro reportero entrevistó una serie de individuos, personajes de la vida diaria, de los cuales extrajo, -como siempre-, una profunda lección que nos anima a pensar positivamente. Nada mejor para empezar el año, como muy bien se dice en México, “echándole ganas”.

Néstor Lazada Huerta, nacido en Apan Hidalgo decide en el año de 1999 emigrar de su tierra natal, en busca de mejores oportunidades. Pasando las penurias por las que atraviesan todos los que cruzan el rió Bravo, llega al estado de Indiana, específicamente a Goshen, en el mes de abril.

Con una chispa de luz en los ojos, se dispone a contarme: “Casi en forma inmediata ingresé a trabajar con un horario regular de 40 horas semanales y eran tantos mis deseos de laborar que conseguí otro empleo de medio tiempo.

Aproximadamente a los tres meses, por información de algunos amigos a quienes recuerdo con cariño, decidí cambiar de empresa toda vez que en esta otra desarrollaría mi oficio, que es el de soldador. Para entonces, ya estaba estudiando ingles y comenzaba a entender este idioma. Fue un poco más pesado el trabajo pero me gustaba y aun cuando con frecuencia me quemaba, seguí siempre adelante pues la remuneración era mejor en esta compañía. También conocí a varios anglosajones que aceptaron mi amistad. No recuerdo sus apellidos pero sus nombres si. Henry, Lissa y Marck, para mí fueron unos grandes amigos y compañeros de trabajo. Así pasé el tiempo trabajando, estudiando y teniendo grandes y buenas vivencias en aquel bonito país. En el invierno del año 2000 sucedió una baja en la producción llegando a agravarse tanto, que algunas semanas trabajamos únicamente dos días.

De los dólares que ganaba recuerdo que solamente guardaba para los gastos y el resto lo enviaba a mi familia. Pasando el invierno tuve una disminución en mi estado anímico y aun cuando tenia muy poco ahorrado comencé a pensar en regresar a mi patria. En el mes de marzo del 2001 no soporte más y opté por volver a México.

Fue tanto lo que estuve alimentando la idea, que se volvió firme y permanente, de que en mi país podría auto emplearme. ¡Dios Me permitió volver y me inicié en el negocio de venta de materiales para la construcción.

Poco a poco me fue absorbiendo mi nuevo empleo y fui aceptando mi nueva situación. Debo admitir que no fue nada fácil, porque me gustó tanto aquel país que llegué a amar casi todos los aspectos que de forma directa o indirecta me hizo vivir mi destino en aquel tranquilo lugar. Estando aquí en mi pueblo hubo ocasiones en que miraba pasar algún avión y anhelé detenerlo para que me llevara prontamente de regreso.

Sigo en México y como mexicano, hidalguense y apanense, les aseguro a todos mis coterráneos que cuando se vive con amor y se lucha con esfuerzo; el país más pobre nos brinda oportunidades.

Cuando se paga el precio para obtener bienestar familiar, siendo humilde y justo siempre se obtendrán grandes satisfacciones.

Estados Unidos de Norte América es un gran país porque cuenta con mucha producción y por consecuencia, con mucho trabajo. Esto permite adquirir con facilidad lo que se desea. Yo pude obtener hasta un automóvil lujoso. Como siempre he tratado de ser visionario y sencillo a la vez, no me atrae lo ostentoso, mucho menos las cosas superfluas.

Considero que el ser humano mientras más posea, más humilde debe de ser porque en la vida lo más bello es lo más sencillo. La salud nos la da Dios, la felicidad nosotros la construimos. Así pues, el ser que es plenamente feliz es inmensamente rico.

Agradezco la distinción del periódico El Puente por la oportunidad brindada para manifestar en forma resumida mis experiencias vividas en Goshen, y doy gracias a ¡Dios! porque pude superar mi situación anímica y económica por los valores que aprendí en México y ayudado también, por el sueño americano”.