Las Guerras del mundo son el negocio de los países ricos

Por:David Méndez /CCS

En la actualidad hay 70 guerras de las cuales, de vez en cuando, aparece una pequeña referencia en algún periódico, lo cual no consigue calar en la opinión pública. Entre consejos de la ONU y los intereses de las grandes potencias, millones de personas mueren en guerras olvidadas que nadie quiere resucitar.

Desde 1945, se cuentan 120 conflictos con 20 millones de muertos. Más de dos millones de niños han muerto en las guerras en los últimos 10 años. Hoy, medio millón de menores son utilizados como soldados por 87 países.

Las guerras modernas cada vez causan más muertes civiles. Como dice el periodista Ryszard Kapucinsky: mientras “en la primera Guerra Mundial la relación fue de ocho soldados muertos por cada civil, en las guerras actuales la proporción es de diez civiles por cada soldado”.

Las guerras traen consecuencias imborrables. Las mujeres son violadas, los hombres asesinados y los niños obligados a combatir en el ejército. Durante años, desaparece la educación. El envilecimiento entre etnias, se incrementa. El número de refugiados, se multiplica. La legitimidad de los gobiernos se pone en duda. Las guerras destrozan a los países y les impiden levantar cabeza durante años.

Congo es el más terrible ejemplo de guerra olvidada. Desde 1998, en la guerra en Congo-Zaire han muerto tres millones y medio de personas. Según la ONU, unas 40 mujeres fueron violadas diariamente entre octubre de 2002 y febrero de 2003 en una sola ciudad, Uvira.

Al igual que muchos otros países, Congo-Zaire es una región donde el suelo vale más que sus habitantes: hay cobre, plata, zinc, plomo, petróleo, uranio, oro, diamantes y coltán. Contra las Naciones Unidas y la OCDE, las empresas aprovechan la situación para saquear el país.

Estas Guerras Olvidadas necesitan de los países del norte, quienes venden las armas que llegan a África y Asia. Los países ricos tienen en el negocio armamentístico uno de los principales impulsos de sus economías.

Los países del G-8 son los responsables de más del 80% de todas las nuevas armas que se venden al mundo empobrecido. La industria armamentística necesita de guerras para seguir incrementando sus beneficios. No importa la finalidad de las armas vendidas, los países ricos obtienen beneficios fáciles mientras los muertos no salpican a sus gobiernos. A pesar de las complejidades del proyecto, la comunidad internacional podría acabar con las guerras que asolan el mundo sólo con solidaridad y compromiso político. Los países ricos deben dejar de vender armas y alimentar el mercado armamentístico. Una redistribución de las inversiones daría un vuelco en el mundo: con un 10% de los gastos militares se podría garantizar el acceso a los servicios básicos de la población mundial.