Mientras la verdad sea delito

Por Fran Araújo

Cuarenta y dos periodistas muertos y cerca de mil quinientos agredidos o amenazados en su práctica profesional es el balance anual del último informe Reporteros sin Fronteras . La Guerra de Irak, la continuación del conflicto palestino-israelí y la precaria situación de las libertades en Asia son algunas de las principales causas.

Sólo en Irak han muerto catorce periodistas y han resultado heridos dieciséis. El ejército norteamericano es responsable de cinco de estas muertes, entre ellas del asesinato en el Hotel Palestina del español José Couso y el ucraniano Taras Protsyuk. Ninguna de estas muertes han sido investigadas.

La labor del reportero de guerra es la más peligrosa de la profesión. Tiene que enfrentarse a situaciones críticas en las que necesita arriesgarse, pero nunca ser temerario. Muchas veces el miedo es la única salvaguarda de la vida. Bernardo Pérez, fotógrafo de guerra de El País, cuenta la anécdota de un compañero que salvó su vida tras un balazo en el estómago porque el miedo le había endurecido de tal modo los músculos que la bala no pudo dañar ningún órgano.

No hace falta acudir a una guerra para ser espectador de atentados contra la libertad de expresión. Estos se suceden por todo el mundo a diario.

En Colombia, donde la guerra civil causa estragos desde hace cuarenta años, cuatro periodistas murieron por denunciar la corrupción de los cargos electos e incluso su connivencia con los grupos armados. En Cuba, con la guerra de Irak como cortina de humo, se encarceló a las figuras más importantes de la prensa independiente. En Venezuela, se censaron noventa y tres agresiones a periodistas, la mayor parte en la huelga contra el presidente Hugo Chávez. En Guatemala, la campaña de las elecciones presidenciales estuvo acompañada de una multiplicación de agresiones a la prensa, en gran medida relacionadas con la polémica candidatura del ex dictador Ríos Montt. En Bolivia y, en menor medida en Perú, la prensa también fue víctima de un clima de protesta.

La libertad de expresión y la labor periodística representan una de las bases del sistema democrático. La ciudadanía debe conocer los hechos para juzgarlos y así elaborar su propia visión de la realidad. Mientras la verdad sea delito, el periodismo será una profesión peligrosa.

El 2004 comienza con una buena noticia. El Rey marroquí, Mohamed VI, ha liberado a los periodistas Alí Lmrabet y Mohammed El-Hourd después de casi nueve meses de cárcel por "atentado al régimen monárquico". Esperemos que este tipo de acciones se generalicen y podamos acabar el año con un balance más positivo para la profesión.