No hay palabras correctas para comentar los últimos acontecimientos mundiales. Lo que ha ocurrido en Asia nos hace caer en cuenta lo frágil que es la vida. En un momento había gente con sus problemas y gozos cotidianos y cuando la naturaleza los golpea, la vida cambia para siempre. Cientos de miles de vidas se han perdido, una tercera parte de ellos eran niños y para los sobrevivientes hay un ambiente de muerte que les rodeará toda su vida.

Me imagino que todos nos hemos preguntado como ayudar. Cuando el huracán Mitch asoló Centroamérica, la gente se abalanzó a ayudar. En muchas iglesias la gente reunió mantas, ropa, medicinas de primeros auxilios y alimentos no perecederos. Las intenciones fueron buenas, pero después se supo que transportar estas cosas era muy difícil, casi imposible. En momentos como este, las agencias que tienen experiencia en el manejo de desastres necesitan dinero. Es más fácil para ellos comprar las cosechas en lugares cercanos donde otra gente pobre que se encuentre cerca del sitio afectado se beneficie de la transacción. Además, ellos necesitan el dinero para movilizar personal con experiencia y las medicinas donadas por los productores de drogas.

Al hablar con un pastor local acerca de qué hacer, él me dijo: “ Me doy cuenta que hay mucha necesidad allá, pero también la hay aquí. Hay gente aquí, sufriendo porque están sin trabajo. Nuestra iglesia es pequeña y solo podemos atender a lo que nos rodea”, y añadió “ Tenemos un fondo pequeño que va al exerior y que probablemente se expanderá. Hasta ahora no veo más como ayudar”.

Aprecio su sinceridad, todos nos enfrentamos a dilemas similares. Pero hay varias cosas que se pueden hacer. Uno no puede excluirse de lo que le pase a otros, ya sea aquí o allá; necesitamos estar con otros en su dolor y su duelo.

Si puede enviar una contribución a una de las agencias que está haciendo la labor de ayuda en Asia, esto sería muy apreciado. Aún más, si usted está personalmente involucrado en el esfuerzo local de ayudar a otros, por favor hágalo.

Recuerde que cuando usted “ayuda” a otro, en realidad se está ayudando a sí mismo, se está asegurando que la vida vale la pena, y que usted puede hacer una diferencia. Uno no puede estar sano y bien a menos que pueda vibrar con la vida de otros.

La otra cosa que podemos hacer es orar. En momentos cuando el profundo dolor envuelve a la gente, ellos pueden sentirse llenos de odio y resentimientos, incluso pueden sentir que Dios no existe y que nadie se preocupa por ellos. Oremos para que Dios envíe sus mensajeros que les rodeen con amor y cuidado. Oremos para que cada uno de nosotros se sienta conectado a ellos en amor, para que ellos sepan lo importante que cada uno de ellos es para todos nosotros.

No se deje inmovilizar por lo enorme de la catástrofe. No mire a las cifras como la realidad total; por el contrario, sea una contraparte más al gran dolor y necesidad de los que están sufriendo. Ore y actúe . Esperemos que este Nuevo año nos dé nuevas oportunidades de amar y servir.