Vengo de otro país y eso me hace sentir que vivo en dos mundos diferentes todo el tiempo. Me podría quedar en este mundo de ensueño y olvidarme de donde vine, pero me perseguirían los recuerdos de la gente que dejé en Colombia o los que he conocido de otros países como México y Puerto Rico.

Además de la música, la comida y la familiaridad con que la gente latina desarrolla amistades y relaciones en general, es también como compartimos las dificultades. Las dificultades son el pan diario de la mayoría de las familias latinas. Hace poco la gente de Argentina , Colombia o cualquier otro país pensaba en venir al norte a visitar o a estudiar pero no a quedarse. Hoy en día, ellos tienen que venir porque no hay oportunidades para ellos en sus países.

De otra parte mucha gente estará de acuerdo conmigo en que vivir en EU tiene muchas ventajas. Es un placer tener tantas oportunidades y la posibilidad de hacer tantas cosas. Se puede vestir ropa de Bangladesh, India o Rusia. También se puede comer bananas de Ecuador, manazanas chilenas y especies del Africa. Quiere chocolates costosos para San Valentín? Puede comprar chocolates suizos, procesados en Europa con el chocolate proveniente de Latinoamérica. Usted puede tener lo que quiera, de cualquier parte del mundo, incluso delicadas artesanias del Asia por un dólar. Las familias pueden tener tantos autos como miembros tengan, aun si el precio de la gasolina sube, la gente continúa usando los autos como quiera.

La gente es muy civilizada cuando se reune para discutir. El derecho a decir cualquier cosa es respetado y algunas veces, al que disiente se le felicita y se le anima a dar su opinión. Uno puede unirse a una reuniónde cualquier interés especial, tal como la paz, evangelismo, asuntos medioambientales y otros; y en cualquiera de esas reuniones hay individuos de gran conocimiento que tienen las respuestas al asunto en cuestión.

Hay algo malo con esto? Probablemente no, pero para mí es como vivir en dos mundos. Uno de ellos lleno de comodidad y posibilidades que me invita a olvidar, el otro un mundo que me invita a reflexionar acerca de dónde viene tanta comodidad. Cuánto dinero recibió el campesino, el artesano o el trabajador que hicieron cómodo mi mundo?

Cuánta de su dignidad y forma de vida les fue robada con la comercialización de sus bienes y les hizo dependientes de la gente que tiene más poder y dinero que ellos?

Hace quince años volví a los Estados Unidos. Durante este tiempo mi esposo y yo hemos estado hablando a la gente de la creciente presencia militar estadinense en Colombia. Les hemos dicho la forma en que el gobierno de los EU ha estado vinculado al empobrecimiento de la gente colombiana y a establecer la situación para que el petróleo de la frontera Colombo-Venezolana no beneficie a la gente de la región sino a las compañías petroleras. Los billones de dólares que han entrado a Colombia para fortalecer a los militares en lugar de crear infraestructura para los pobres, crea una situación perfecta para tener un nuevo Viet Nam o un nuevo Irak.

Mientras que la gente aquí continúa teniendo discusiones civilizadas acerca del daño que ya se ha hecho, la maldad continúa creciendo en lugares como Colombia.

Vivo en dos mundos diferentes y los aprecio a ambos. Amo a la gente de los Estados Unidos y nunca me cansaré de proclamar su bondad, pero me da lástima su credulidad. A medida que pasan los días siento que no podemos salir de tanta maldad, a menos que cada persona en los Estados Unidos esté dispuesta a preguntarse a cada momento, como lo que comemos, vestimos y usamos afecta a otros pueblos en otros lugares y como el poderío militar que se ha apoderado del mundo nos esta haciendo a cada uno más pobres y menos humanos.

Estamos más allá de las discusiones educadas, cada día somos parte del problema que está arruinando al mundo.