Ese volver a Goshen

Por: José Ortiz

Me gradué del colegio de esta ciudad en 1962. Conocía solamente a dos familias hispanas en la comunidad. Jorge Perez y Rafael Diaz. Hoy hay cerca de 17,000 hispanos en el condado de Elkhart sin contar los que llegaron anoche. La población estudiantil en la escuela pública se incrementó un 37% este año. Para comer tacos y enchiladas gustosas había que ir a Chicago. Hoy hay restaurantes, bodegas y hasta cantinas rodantes que sirven comidas en las fábricas o en los cumpleaños. Un día de estos hasta los Amish van a descubrir el menudo con limón y cilantro fresco. El Puente y la Prensa hispana, dos periódicos hispanos informan a la comunidad. La presencia de platos y antenas electrónicas en las azoteas de las casas dicen que acá llega Univisión, Telemundo y otros comunicadores incluyendo la radio hispana. Este no es el Goshen que yo dejé en 1962.

Aquí levanté familia y mis tres hijos fueron a las escuelas públicas locales. Mi esposa Iraida se empleó en las escuelas en programas de apoyo a los esfuerzos de educación bilingüe, una vez nos ubicamos en la comunidad en 1977.

Luego de trabajar por doce años en el Colegio de Goshen, me trasladé a Harrisonburg, Virginia, para desempeñarme en el Seminario de la Universidad Menonita del Este como profesor y administrador de un programa. Recién llegado, una señora en un supermercado me preguntó quiénes éramos, qué hacíamos y cuándo nos regresábamos. Cortésmente le respondí que mi función terminaría cuando los estudiantes y el decano pensaran que mi trabajo no era lo que ellos esperaban. Con esto digo, es duro entrar a una comunidad, sentirse libre para hablar en español y aventurarse en el sistema de vida prevaleciente. El racismo sigue prevaleciendo en este país y en este condado. Este es el trago amargo que a veces nuestras familias tienen que pasar cuando llegan y se ubican en una nueva comunidad. Esto no es justo, esto no es de Dios nuestro Creador.

Ahora vuelvo a Goshen para retirarme en la comunidad. Al terminar mi título en el colegio local jamás pensé que este pueblo sería el lugar de mi retiro junto a mi esposa Iraida. Es un Goshen distinto, con muchos semáforos, congestiones de carros en la calle e iglesias donde se predica en español. Al ver los negocios y las mercaderías como que le da un sabor a barrio latino, con la música rítmica, un poco más alta que la de los vecinos de al lado. Además, aquí están nuestros nietos.

Hay validez en levantar unas cuantas observaciones e interrogantes a la población hispana en el norte de Indiana, tales como : Por qué Goshen? Qué perseguimos aquí para el bienestar de nuestra familia? Cómo capitalizar en las oportunidades de empleo, educación, desarrollo económico y cómo cultivar la felicidad hogareña? Qué aportes a la comunidad local ofrecemos como hispanos? Bueno, esto es material para un segundo artículo en una oportunidad futura.