Camino al Congreso

México del Norte

Por.Jorge Mújica Murias

Compañeros Presidentes de Partido

Compañeros Consejeros Nacionales

Compañeros Delegados a los Congresos

¡Disculpen ustedes la interrupción! A la mejor llegamos tarde y para cuando reciban estas líneas ya no queda ningún huesito disponible. Pero dicen que no hay peor lucha que la que no se hace, así que aquí va esta “peor es carta”.

Venimos de lejos y venimos atrasados. Somos los que apoyamos y trabajamos por el partido y por los migrantes mexicanos, por los trabajadores mexicanos en el extranjero.

No se lo tomen a mal, pero es que hemos andado muy ocupados. De aguinaldo, acá en Estados Unidos nos dieron la Ley Sensenbrenner, que convierte en criminales federales a unos cinco millones de mexicanos, indocumentados todos, que tuvieron que salir de México para ganarse el pan de cada día.

Además, convierte a los maestros, médicos y enfermeras, trabajadores sociales, curas y sacerdotes que los ayuden, también en criminales federales. Y de remate, autoriza construir una barda en la frontera entre Estados Unidos y México, de diez metros de alto y mil kilómetros de largo.

Eso nos ha tenido un poquito ocupados, y no pudimos llegar a tiempo. Es muy canijo cuando se está lejos del poder central.

También hemos andado trabajando en lo del voto mocho.

Tampoco se lo tomen a mal, pero realmente es una idiotez de ley ésa que aprobaron “nuestros” diputados y senadores, que nomás le da chance de votar a 15,000 mexicanos expatriados. Nos dijeron que “era lo único que se podía aprobar”, “lo único que garantizaba la transparencia y la integridad del voto” y otras cosas así.

A la mejor ustedes pensaban que íbamos a votar cuatro millones, pero los candados que nos pusieron lo hicieron imposible. Si en México se tuviera que votar así, habría que cancelar las elecciones.

No se crean, les agradecemos el esfuerzo, pero la verdad es que no nos sirve de mucho y sí es mucha talacha. Pero les prometemos que los 15,000 mexicanos que voten van a apoyar a su candidato a la presidencia. Ya saben que cuentan con nuestro apoyo, como siempre.

Si quedó algún huesito…

El caso es que venimos a ver si ahora si nos va a tocar algún huesito.

No es la lana, aunque sabemos un diputado federal gana como lo que cinco de nosotros de este lado, y eso que ganamos en dólares, pero con lo que sacamos nos alcanza para vivir y hasta para mantener a nuestras familias en México. No es eso.

Es una cosa de las leyes y de los servicios que nos tocan acá en México del Norte, y nos figuramos que a la mejor si tenemos diputados y senadores migrantes, podríamos colaborar para que lo que se aprueba en el Congreso tenga también nuestra perspectiva.

Verán. Por ejemplo, quisiéramos ayudar a salvar al Seguro Social sin tener que privatizarlo, pagando cuotas pero recibiendo algo a cambio, no como ahora, que nos hacen pagar primero por nosotros y después por nuestros familiares, pero no nos dan prestaciones. A la mejor podrían pagar por la repatriación de nuestros cuerpos en caso de muerte de este lado. A la final de cuentas, acá tenemos a los únicos jóvenes que sí están ganando salarios regulares en vez de andar de payasitos en las esquinas.

También queremos ver cosas de los servicios de esas “ventanillas únicas” para millones de personas que acá se llaman consulados, de los programas 3x1 y del programa ése del gobierno para defendernos de sus funcionarios cuando vamos de vacaciones, el tal “Paisano”.

También queremos regular las remesas. No es justo que los intermediarios se queden casi 2,000 millones de dólares cada año en cuotas y tarifas. Queremos que no solamente ayuden a nuestras familias, sino al país, como buen recurso financiero que son.

Queremos muchas cosas, y se las hemos propuesto a miles de diputados y senadores durante años, pero nunca nos han hecho caso.

Así que si es mucho pedir, si ya terminaron de repartir las próximas curules entre sus amigos, sus compadres, sus aliados, sus incondicionales, sus esposas y sus amantes, sus dirigentes populares y sus hijos y sus hijas, quisiéramos, si sobró alguna, que se la den a un migrante. Diez millones de mexicanos