Me fui de vacaciones sintiéndome cargada y entristecida por la mala suerte de muchos inmigrantes, quienes a diario enfrentan situaciones de peligro, a fin de sobrevivir en los Estados Unidos.

Lo que a diario escuchaba era: Nos vinimos para lograr una nueva vida. No hay nada allá en México”. Me vine hace diez años a hacer un poco de dinero para instalar mi negocio en Guerrero, y ya ve, aún estoy aquí”, No tengo ya nada a que volver a Aguascalientes, toda mi familia y amigos están aquí ahora”.

Cada individuo tuvo una buena razón para venir; algunas de ellas urgentes y necesarias, otras quizá más alimentadas por la ambición y la competencia que basadas en una necesidad real.

Cuando escucho a algunos de los inmigrantes observo que la mayoría ya tenían una casa o un terrenito en su tierra natal. Otros desde aquí, ya le han construido el segundo piso a su casa o incluso han construido otra. Algunos hasta dejaron sus casas cerradas y se vinieron a trabajar buscando más.

Hay una diferencia entre aquellos que vienen exilados, corriendo para salvar su vidas y habiendo experimentado persecución y violencia armada.

Otros, por el contrario, vinieron sentían que no tenían nada al comparar sus posesiones con los artefactos tecnológicos que se ofrecen aquí.

Cuántas veces hemos gastado nuestro tiempo ganando dinero que esperamos tener tiempo de gastar? Y cuántas veces gastamos de más, en cosas que no necesitabamos pero que ahora tenemos que pagar y tenemos que emplear más de nuestro precioso tiempo para pagar por ellas?

Siento que vengo de la tierra de la abundancia. México es un lugar donde la belleza natural de su tierra junto con la maravillosa disposición y generosidad de su gente hacen difícil creer que alguno de ellos quiera dejar el país.

Encontramos gent en los mercados, la calle y las tiendas, que querían compartir y hablar no solo de ventas y negocios, sino de su vida misma y de sus pensamientos.

Es pobre México? Es cualquiera de los países del tercer mundo pobre? De dónde proviene la mayoría de la materia prima con la que se hacen los productos manufacturados?

Es su tierra rica? Produce su país lo suficiente para alimentar a los suyos e incluso exportarle a otros?

No tiene la gente educación? Saben acerca de su rico ancestro cultural y étnico, que está inmerso en su comida y sus formas de hablar? Han olvidado acaso sus celebraciones, vínculos familiares y forma de hacer las cosas?

Dónde esta su pobreza? Se supone que cada uno debe tener un I pod, un televisor personal y todos esos artículos técnicos que hacen tan felices a los habitantes del primer mundo? Es verdaderamente feliz el primer mundo?

Siempre recuerdo a una campesina de Colombia, quien después de mirar todos los refrigeradores, televisores y otros electrodomésticos que por vez primera habían traído a la plaza de mercado del pueblo, exclamó:”Yo no sabía que yo era pobre”!.

Cuándo descubrieron los Latinos que eran pobres? Y quién les está vendiendo la felicidad? La pregunta para cada persona en este Nuevo año es: Soy yo pobre? Qué tan pobre soy? Y qué es de verdad lo que me falta? Cuánto de mi vida estoy dispuesto a gastar para lograr todas aquellas cosas materiales hasta que compre tiempo para crecer espiritualmente.

Tal vez el tiempo ha llegado de volver a casa adonde la riqueza está esperándonos.