Crimen y vergüenza en Palestina

Por José Carlos García Fajardo

El Estado de Israel está reconocido por la comunidad de naciones, pero los palestinos no pueden vivir en el Estado de Palestina. ¿Por qué no se han cumplido las resoluciones del Consejo de Seguridad que obligan a Israel a retirarse a las fronteras de1967? ¿Por qué la construcción del muro sobre tierras palestinas? ¿Por qué se han apoderado de las aguas y no permiten la libre circulación de palestinos despojados y exiliados en campos desde hace cuarenta años? 

Han construido colonias ilegales en tierras que no les pertenecen. Dicen que por seguridad, pero ese es el criterio de tiranos que aplican la teoría de la guerra preventiva en espera de proclamar la teoría de las fronteras naturales.

Nos declaramos semitas, mestizos descendientes de judíos, de musulmanes y de cristianos y exigimos el alto al fuego sin condiciones, porque las víctimas civiles son nuestras. Con este espíritu, muchas personas hemos suscrito este comunicado:

 No es una guerra, no hay ejércitos enfrentados. Es una matanza.

No es una represalia, no son los cohetes artesanales sobre  territorio israelí sino la proximidad de la campaña electoral lo que desencadena el ataque.

No es la respuesta al fin de la tregua, porque durante el tiempo en que la tregua estuvo vigente el ejército israelí  ha endurecido aún más el bloqueo sobre Gaza y no ha cesado de llevar a cabo mortíferas operaciones con la cínica justificación  de que su objetivo eran miembros de Hamas.

¿Acaso ser  miembro de Hamas  despoja de  condición humana al cuerpo desmembrado por el impacto del misil?No es un estallido de violencia. Es una ofensiva planificada y anunciada hace tiempo por la potencia ocupante. Un paso más en la estrategia de aniquilación de la voluntad de resistencia de la  población palestina sometida al infierno cotidiano de la ocupación, a un asedio por hambre  cuyo último episodio es la carnicería que en estos días asoma en las pantallas de nuestros televisores.   

No es  un fracaso de la diplomacia internacional, aunque sí un estruendoso fracaso del Consejo de Seguridad dominado por la dictadura del veto.

Es una prueba más de complicidad con el ocupante. Y no se trata  sólo de Estados Unidos, que no es referencia  moral ni política sino parte, la parte israelí, en el conflicto; se trata de  Europa, de la decepcionante debilidad e hipocresía de la diplomacia europea.

Lo más escandaloso de lo que está pasando en Gaza es que puede pasar sin que pase nada.

La impunidad de Israel no se cuestiona. La violación continuada de la legalidad internacional y las mínimas normas de humanidad no tiene consecuencias. Más bien parece que se premia con  acuerdos comerciales preferentes o  propuestas para el ingreso de Israel en la OCSE.

Y qué obscenas resultan las frases de algunos políticos  repartiendo responsabilidades a partes iguales entre  el ocupante y el ocupado, entre el verdugo y la víctima. Qué indecente la pretendida equidistancia que equipara  al oprimido con su opresor. 

El lenguaje no es inocente. Las palabras no matan pero ayudan a justificar el crimen.  Y a perpetuarlo. En Gaza se está perpetrando un crimen. Lleva tiempo perpetrándose ante los ojos del mundo. Y quizá dentro de unos años alguien se atreva a decir, como en otro tiempo se dijo en Europa, que no sabíamos.