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  • Edición impresa de Enero 19, 2010.

dropworldBogotá, Colombia— Para una mujer, ser madre es una bendición. Pero ser hijo es una responsabilidad. Durante siglos se ha hablado de la madre naturaleza como un ser que nos protege. Pero, ¿nosotros la estamos cuidando?

En Colombia, la comunidad indígena de los Muisca-Chibcha ve en los seres humanos una responsabilidad de comunicación y entendimiento con las plantas, los animales y todos los elementos de la naturaleza, incluyendo rocas. Para ellos, la biodiversidad es una desarticulación de la madre naturaleza, porque no está siendo integral.

Suagagua Ingativá, líder de la comunidad Muisca-Chibcha, no ve la cuestión en términos de biodiversidad. Asegura que “no hablaría tanto de biodiversidad sino de la madre naturaleza. El ser humano tiene una responsabilidad consigo mismo: reconocerse como una de las primeras especies del planeta”.

Para esta comunidad, todos los seres vivos tenemos tres madres: “la primera es la que nos dio a luz; la segunda es la madre tierra o del oxígeno y la tercera es la madre del espíritu, que es la muerte”, comentó Suagagua Ingativá.

El cuidado es preservarse a sí mismo y a los demás usando todo lo que brinda la naturaleza pero manteniendo el equilibrio. Para los Muiscas, el uso de la tierra no es un delito, pero al hacerlo de forma agresiva se está violentando a la madre, y no es correcto. Para Suagagua, el problema radica actualmente en que “todo lo estamos volviendo pedazos en aras de una economía y un desarrollo que no lo es, porque no se está enmarcado dentro de leyes naturales, sino mecánicas”.

Nuestros ancestros nos recuerdan que por ser hijos de la madre naturaleza somos seres en constante renovación. El ser humano, como hijo, ha heredado una característica esencial, al igual que la naturaleza: “cada lugar tiene memoria y no hay de que arrepentirse, porque lo hecho, hecho está”.

Un ejemplo claro es que continuamente los bosques son destruidos y se fomentan miles de campañas para sembrar árboles, pero para los Muiscas no se tiene en cuenta que el problema no radica ahí. “Lo que se debe recuperar es la especie humana, que es la estructura del planeta”, dijo.

Aunque los ecologistas se organizan para proteger las especies indefensas, Suagagua piensa que “es de vital importancia hacer una gran inversión en ecología humana, en transformar el pensamiento de los seres humanos respecto del uso moderado de los recursos naturales”.

La reflexión indígena va más allá de lo que siempre se ha hablado. Ven la economía, por ejemplo, en términos de que hay muchas fábricas pero ninguna es de agua. “Si existieran fábricas de agua no estaríamos asustados, porque sería posible crearlas. Pero no existen: lo que hay es un ciclo vital que hay que comprender, respetar y hacer sostenible”, afirma Suagagua.

Con la enseñanza ancestral Muisca-Chibcha, la preocupación no debe centrarse en las campañas ecologistas, porque la biodiversidad, como bien lo explica Suagagua, no es ajena a nosotros. Somos parte de ella, somos hijos de una misma madre: la naturaleza.

Los tres niveles de la no violencia contra la madre:

- Sanar la mente en la forma de ver y pensar sobre la naturaleza.

- Sentir a la madre naturaleza.

- Relacionarse con uno mismo en el cuidado de lo espiritual.

 

 


 

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