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  • Edición impresa de Enero 19, 2010

 

El 12 de enero el mundo comenzó a ver las primeras imágenes de Haití asolado por un terremoto.

Las respuestas a la tragedia han sido diversas y aunque varios países se han apresurado a enviar ayuda, trabajadores médicos y de rescate, alimentos y agua, la situación en sí misma es tan caótica que la asistencia ha sido lenta en llegar.

Antes del desastre natural, Haití ya era considerada como la nación más pobre en el hemisferio occidental, donde más de un millón de familias dependían de la ayuda alimentaria internacional.

Sin embargo, tendemos a olvidar que Haití fue la colonia más rica de Francia, representando una cuarta parte de la economía francesa, en los años 1700s. Cuando la revuelta de los esclavos venció al ejército francés, esta nueva nación independiente fue el primer país en abolir la esclavitud. Después de la revolución, Haití sufrió la imposición de una sanción de 150 millones de francos que terminó de pagar en 1947. Mientras tanto, EU invadió a Haití en 1915 a fin de garantizar el pago de la deuda y para proteger las compañías de EU y sus tropas permanecieron hasta 1934. Las crueles dictaduras de los Duvalier, padre e hijo, fueron respaldadas por EU y el mundo occidental. Cuando los haitianos eligieron a Jean Aristide en 1986, la intervención extranjera apoyó su derrocamiento. Desde ese entonces, las tropas de EU y la ONU han ocupado el país.

Tres décadas de ocupación estadinense, múltiples regímenes corruptos, desastres naturales y devastación medioambiental han dejado al país imposibilitado para trazar su propio curso.

Por ejemplo, la ayuda alimentaria aunque provee para los más pobres, también ha dejado a los campesinos haitianos sin posibilidad de competir con los productos que EU subsidia y las cosechas excedentes que envía en forma de ‘asistencia’, práctica esta que ha lesionado no solo a Haití sino también a otros países en desarrollo.

A muchos haitianos viviendo ahora en Diáspora, les gustaría ayudar en su país y podrían jugar un papel importante en la reconstrucción de Haití, pero es difícil competir con las grandes organizaciones internacionales que pagan a sus administradores muy bien y que viven en casas seguras y bien construidas. Tal vez los recursos podrían ser usados más efectivamente en emplear haitianos y que los grandes consultores internacionales se queden en casa.

Bajo las condiciones más recientes, sesenta por ciento de la vivienda en Port-au-Prince era sub-standard y más de la mitad de la población vivía con menos de $1 EU al día. Es difícil esperar códigos de construcción sólidos cuando la gente vive en tal pobreza.

La degradación medioambiental, pobreza, problemas sociales y los bajos o inexistentes standards de construcción han constituido una mortal combinación para la población de Haití. Ya en años anteriores, ellos sufrieron cuatro tormentas tropicales o huracanes que mataron a 800 personas en el 2008, tormentas siniestras en el 2004 y 2005, e inundaciones en el 2002, 2003, 2006 y 2008.

En medio de esta última catástrofe, Oral Roberts, de la Red de Cristiana de Transmisiones, dijo que el terremoto de magnitud 7.0 había asolado Haití como consecuencia de la maldición que les cubría porque sus fundadores habían hecho “un pacto con el Diablo”, a cambio de su independencia de Francia. Esto podía esperarse, ya que, según él, los actos terroristas de 9/11 se debían a “los paganos y los que favorecen el aborto y los feministas y homosexuals, quienes junto con la ACLU trataban de cambiar a Estados Unidos”. El Dr. R. Albert Mohler, Jr., presidente del Seminario Teológico Bautista del Sur, respondió a la vergonzosa declaración de Roberts, destacando que su “Arrogancia teológica se igualaba a su ignorancia”. Es muy conveniente olvidar la historia y depender del prejuicio para sentirse superior a otros.

Los daños en Haití son tan extensos que los expertos consideran que es una magnífica oportunidad para reconstruir; según ellos “las catástrofes son una ventana abierta a la oportunidad de hacer cambios fundamentales a las ciudades que son reconstruidas”, pero “si se reconstruye en la misma forma (que ahora), nuestros hijos tendrán esta misma conversación”.

En todo el mundo las crisis económicas y sociales que hemos enfrentado nos han dado la oportunidad y esperanza de cambio. A medida que ayudamos en cualquier forma en la actual emergencia, esperemos un verdadero cambio para nosotros y para Haití.

 


 

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