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  • Edición impresa de Enero 18, 2011

El clima ya no es lo que era

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En virtud del cambio climático, hablar del clima ya no es un tema neutral de conversación. El clima ya no es lo que era. Con el cambio climático, la meteorología ha dejado de ser algo inevitable. Esto no quiere decir que el clima sea una mera construcción humana ni que podamos hacer con él absolutamente lo que queramos; significa que a partir de ahora se constituye como un ámbito de responsabilidad.

Hoy el clima es pura política, tal vez el asunto más grave y apasionadamente político de nuestra agenda. De aquí al 2020 pueden decidirse las condiciones de vida de las próximas generaciones. El cambio climático es el mayor problema de acción colectiva al que el mundo se ha tenido que enfrentar. Hemos confiado las soluciones a los mercados y hemos avanzado muy poco en la construcción de acuerdos políticos.

Hay soluciones de mercado, como el comercio de emisiones, que han dado buenos resultados parciales. También es cierto que no se avanzará si se adoptan decisiones contra el mercado. Pero el problema es que hay una dimensión del asunto que el mercado no puede resolver. Los instrumentos del mercado no son apropiados para anticipar los costes medioambientales en el largo plazo.

Los límites de las soluciones de mercado tienen que ver con la idea de que los derechos de emisión confieren al emisor precisamente eso, un “derecho” de seguir con sus prácticas dañinas para el medio ambiente, en lugar de promover acuerdos políticos más exigentes, impulsar la transformación del estilo de vida y los hábitos de consumo. No deja de resultar paradójico que se le encargue resolver el problema a las mismas fuerzas del mercado que son responsables de él.

En tanto que bien público, el clima tiene la propiedad de la no rivalidad (todo el mundo se beneficia de un clima estable), pero no es tan evidente su no exclusividad (se pueden beneficiar quienes no hacen nada por él) y en esa medida no hay ningún aliciente en el mercado para perseguirlo. Todo lo más que tenemos es la débil garantía de que el cambio climático es percibido como un peligro real para el equilibrio a largo plazo de las economías y las sociedades.

Esta advertencia solo se puede realizar y gestionar con una lógica política, concretamente desde una política en la que se ha introducido la perspectiva del largo plazo. Por eso el clima es un bien que no se puede abandonar al mercado y que requiere gobernanza global.

Con la crisis económica este requisito es más evidente. Hace falta más política que mercado. Enfrentarse eficazmente al cambio climático nos exige ir hacia un mundo más cooperativo. Necesitamos una solución cooperativa, que sea científicamente sólida, económicamente racional y políticamente pragmática.

Probablemente, la política del cambio climático, además de enriquecer nuestras conversaciones cotidianas, puede contribuir a que llevemos a cabo una renovación de la política que sabíamos necesaria, pero que ninguna fuerza irresistible nos obligaba a acometer.

 

 


 

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