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  • Edición impresa de Enero 5, 2012

Los hispanos y la brecha digital

Según los expertos, la disminución de la brecha digital que separa a los hispanos del resto de habitantes de Estados Unidos sería cuestión de tiempo. Ojalá, porque nuestra comunidad no puede permitirse el aislamiento tecnológico en un mundo que depende cada vez más de la tecnología.

Cuando hablamos de brecha digital nos referimos, como bien lo explican Henry M. Rivera y David Honig en su artículo “La costosa brecha digital”, a la distancia, a la brecha que existe entre aquellos que tienen acceso a las tecnologías de información y a los recursos y destrezas necesarias para utilizarlas, y aquellos que no tienen dicho acceso.

El artículo llama la atención sobre uno de los retos de una sociedad que pretende regirse por valores como la igualdad de derechos, pero que aun no ofrece las garantías necesarias para que todos accedan a las mismas opciones que genera el desarrollo. Si la brecha digital no se cierra, la sociedad pagará un alto precio. Relegar a algunas personas a una categoría de “ciudadanos digitales de segunda clase” es muy costoso, dicen con razón Rivera y Honig.

Es claro que cerrar la brecha digital es indispensable no sólo para incluir a aquellos que no tienen acceso a tecnologías como Internet, sino que es fundamental para el desarrollo, el bienestar y el progreso económico de la nación. De nuevo, la clave está en la educación y mientras unos tengan posibilidades de acceder a ella y otros no, es imposible hablar de una sociedad equitativa e igualitaria.

Por eso creo, como los autores, que Estados Unidos no puede darse el lujo de tener una brecha digital y que, teniendo en cuenta su impacto, la conexión de banda ancha es la próxima frontera de los derechos civiles. De no acortar la brecha digital, las carencias que afectan a la comunidad hispana aumentarán sin remedio.

Según datos de la firma especializada eMarketer, se estima que al concluir este año, la penetración de la telefonía celular entre hispanos residentes en Estados Unidos habrá pasado de 69.2% a 73% de la población, un aumento de 3.8% en 12 meses. Vamos mejorando y eso es bueno.

Ayudas gubernamentales como los subsidios que se canalizan a través del Fondo de Servicio Universal para enfocar servicios de banda ancha y las soluciones del sector privado que, de acuerdo con los autores ya citados, promete llevar servicios de banda ancha de alta velocidad a 55 millones más de estadounidenses son más que necesarios, imprescindibles.

De nuestro acceso como comunidad a la tecnología depende en gran medida nuestro bienestar. Por eso, no podemos seguir creyendo que podemos mantenernos al margen de los avances en este campo. Hoy por hoy el acceso a Internet de banda ancha no es un lujo. Hace mucho que dejó de serlo para convertirse en una necesidad. Si está conectado, su acceso a posibilidades educativas, sociales, de salud, de bienestar y de empleo aumentará.

Si usted es de los que se siente rezagado, despierte. Hoy en día es muy fácil instruirse, aprender y beneficiarse de las ventajas de la modernidad. En cualquier biblioteca pública usted puede tener acceso a un computador y encontrar la literatura que necesita para aprender a usarlo, además de las opciones académicas pensadas para personas que nunca han tocado un teclado.

 


 

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