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  • Edición impresa de Enero 3, 2013

Bush, ¿culpable del precipicio fiscal?

Los impuestos primero. La razón por la que tenemos un abismo fiscal es que allá en los viejos tiempos, cuando gente como Alan Greenspan estaba preocupada porque los excedentes presupuestarios federales se volvieran excesivos (puedes reírte ahora), el presidente George W. Bush propuso una estrategia aparentemente brillante para imponer enormes recortes de impuestos.

En lugar de comprometerse con los senadores demócratas para conseguir importantes reducciones permanentes, los partidarios de Bush utilizaron un proceso legislativo llamado “conciliación” para forzar mega recortes con la estrecha mayoría que poseían en el Senado, evitando la necesidad de 60 votos para anular una maniobra obstruccionista (si es que las fuerzas de la cordura fiscal hubieran decidido montar una).

Debido a la forma en que la conciliación funciona, los recortes de Bush de 2001 tenían que vencer en 10 años. Pero los fanáticos pensaron que en algún momento conseguirían los votos para volver permanentes los recortes. E incluso si no lo lograban, para finales de 2010 nadie se atrevería a dejar que los recortes expiraran. Estaríamos en un auge económico, gracias a los menores impuestos.

Bueno, eso no resultó así, ¿verdad? Los ocho años de Bush fueron un sumidero económico y fiscal, y los dos primeros años de Barack Obama no fueron exactamente robustos. Cuando los recortes de Bush expiraron a finales de 2010, los republicanos compraron una extensión de dos años al comprometerse a apoyar la extensión de los beneficios de desempleo y los recortes sobre los impuestos de nómina. Pero ahora, la hora de la verdad ha llegado.

Los mayores recortes para los mayores ingresos parecen destinados a desaparecer. Es más, es probable que las tasas para esas personas tiendan a ser más altas de lo que hubieran sido si los acuerdos se hubieran cerrado en 2001 y 2003.

Ahora me temo que los demócratas cometerán el mismo error con la Seguridad Social que los partidarios de Bush cometieron con los impuestos.

Así como los partidarios de Bush utilizaron números ridículos para justificar los recortes de impuestos, la posición oficial demócrata usa matemáticas ridículas para afirmar que la Seguridad Social no necesita una corrección. La lógica, tal como es: la seguridad social no es un problema debido a que muestra un superávit presupuestario federal.

Pero el verdadero problema fiscal de Estados Unidos no es el déficit del presupuesto federal. Es el gran aumento de deuda en que el país está incurriendo para pagar sus cuentas. En el año fiscal que terminó el 30 de septiembre, el Tesoro tuvo que pedir prestado 160,000 millones de dólares para cubrir las cuentas del Seguro Social, a pesar de que el programa mostró un superávit presupuestario de 65,000 millones de dólares.

En este momento, los demócratas están en su apogeo. Pero si ellos no realizan recortes bipartidistas relativamente modestos ahora sobre los futuros beneficios del Seguro Social, en una década o dos el clima político podría haber cambiado, los problemas del Seguro Social serán peores y los recortes serían más grandes y más desagradables que si se hicieran ahora.

 


 

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