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  • Edición impresa de Enero 3, 2013

Los latinos definirán las reglas sobre envejecimiento

DALLAS, Texas— Para Paula y Manuel Cisneros, cada día es un verdadero reto de sobrevivencia. A sus 73 años, él corta y embolsa nopales que vende en la calle para pagar gastos básicos y ella anda en busca de un empleo. Para ellos, un retiro apacible sólo luce como un sueño muy distante.

“Envejecer es muy fácil, pero hacerlo con dignidad y bienestar no lo es tanto”, dice Manuel, quien llegó de México como indocumentado en 1972, trabajó como obrero de la construcción y después obtuvo la ciudadanía estadounidense hace más de 28 años.

La pareja de inmigrantes mexicanos vive a duras penas con un ingreso del seguro social de 900 dólares mensuales, reciben ayuda de la oficina de la autoridad pública de vivienda de Dallas que paga la mitad de la renta de su apartamento y carecen de ahorros.

Paula y Manuel no sólo pertenecen al grupo minoritario más numeroso, de más rápido crecimiento en el país y el de mayor expectativa de vida, sino también al que presenta mayores disparidades en educación, salud y riqueza.

A la vez, ellos son parte del 50% de los ancianos latinos mayores de 65 años de edad que viven en la pobreza o cerca a los niveles de pobreza.

Como los Cisneros, millones de inmigrantes hispanos que residen y envejecen en este país, forman parte de la numerosa generación de ancianos y “baby boomers” que en los próximos años podrían influir en las prioridades y políticas nacionales de salud, programas sociales y de senectud, según expertos académicos.

“Después de las elecciones presidenciales de este año, se vio la importancia de los latinos como votantes en Estados Unidos, lo cual debería repercutir en mayor atención y fondos para la investigación sobre las implicaciones de la diversidad y el envejecimiento en las políticas sociales y en la práctica”, dijo el director del Centro de investigación de políticas sobre el envejecimiento de la Universidad de California Los Angeles (UCLA), Fernando Torres-Gil.

Torres-Gil señaló que hay un dilema para Estados Unidos en relación con México. La migración indocumentada de ese país actualmente casi llega a niveles de cero. “¿Quién va a reemplazar a esa fuerza de trabajo que ha subvencionado el programa federal del seguro social con los impuestos que pagan, pero no reciben?”, cuestionó en una entrevista. El aporte de los inmigrantes indocumentados por el pago de impuestos en su trabajo se acumula en el fondo del seguro social que recibe la población anciana que no es latina, ejemplificó.

De los 47 millones de hispanos en Estados Unidos, actualmente el 6% son ancianos mayores de 65 años, lo que se triplicará a 18% en el año 2050. Ese año, se calcula que el 30% del total de la población será de origen latino.

“Aquí, la confluencia de la diversidad y el envejecimiento ya está sucediendo y no podemos esperar más para explorar nuevas medidas para afrontarlo”, mencionó Torres-Gil. “La presente generación de ancianos hispanos y la siguiente de los “baby boomers”, podrían darnos las claves para entender las nuevas necesidades de su retiro, y con el poder político que los latinos demostraron en los pasados comicios, deberán influir no sólo en los debates sobre una reforma migratoria sino en nuevas políticas públicas para el envejecimiento en el futuro en este país”, finalizó.

 


 

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