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  • Edición impresa de Enero 19, 2016.

¿Son los cubanos migrantes de primera clase?

La avalancha de emigrantes cubanos llegada a América Central en su tránsito hacia EE.UU. dejó al descubierto las debilidades de la integración regional y la impresión en el istmo de que existe una migración de primera clase, la de los isleños; y otra de segunda, la centroamericana.

El hecho de que los cubanos que toquen suelo estadounidense puedan quedarse legalmente en ese país gracias a la llamada Ley de Ajuste Cubano, vigente desde 1966, contrasta con la realidad de los miles de guatemaltecos, hondureños y salvadoreños que salen cada mes rumbo a EE.UU. en medio de la incertidumbre de si llegarán y, de lograrlo, si podrán permanecer y cuánto tiempo.

Esa situación quedó evidenciada, y fue incluso reclamada, con la llegada de más de 8,000 emigrantes cubanos a Costa Rica, de donde no pueden salir desde que el pasado 15 de noviembre Nicaragua les cerró la frontera.

El fenómeno se vincula al deshielo entre EE.UU. y Cuba, que iniciaron hace poco más de un año un histórico acercamiento, lo que hace pensar que más temprano que tarde será derogada la política de “pies secos/pies mojados” que beneficia a los emigrantes isleños.

La decisión de Nicaragua de cerrar el paso a los cubanos desencadenó una crisis humanitaria en Costa Rica, como ha dicho el Gobierno costarricense, y otra política en el istmo, debido a las diferencias surgidas en el Sistema de la Integración Centroamericana (SICA) para solucionar la situación.

De hecho, el presidente de Costa Rica, Luis Guillermo Solís, suspendió el 18 de diciembre pasado la participación de su país en la mesa política SICA, alegando su decepción y frustración por la posición de Guatemala y Belice, que tienen frontera terrestre con México, al impedir el paso inmediato y fluido de los isleños hacia el norte.

“Hay por los menos un doble rasero: hay migrantes de primera clase y de segunda clase”, afirmó el ex embajador Nils Castro, al comparar la situación de la emigración cubana y la centroamericana.

Gracias a la política estadounidense de pies secos/pies mojados, los cubanos “van con la bendición divina de que nadie pone en duda de que sí van a poder entrar y establecerse en EE.UU.”, argumentó.

Pero los centroamericanos, especialmente los guatemaltecos, salvadoreños y hondureños, “van a su riesgo”, con la incertidumbre de “si pueden cruzar la frontera, y si, de cruzarla, pueden quedarse” en EE.UU., resaltó el diplomático panameño.

Ese contexto explica la clara posición de Guatemala, cuyo presidente Alejandro Maldonado, pidió el pasado día 22 suspender la Ley de Ajuste Cubano, que beneficia a unos pocos, o en su defecto, ampliarla “para todos”.

El Gobierno de Guatemala “expresó un sentimiento generalizado en Centroamérica. Todos los migrantes centroamericanos son tratados con extremada dureza en México y también en EE.UU.”, opinó Nils.

“En los últimos años, México está deportando con severidad a los migrantes centroamericanos. En el año fiscal que acaba de terminar México deportó más centroamericanos que EE.UU.”, aseveró.

Por su parte, el ex embajador de Panamá ante la Organización de Estados Americanos (OEA), Guillermo Cochez, dijo a Efe que el problema de los emigrantes cubanos “debe ser atendido a nivel de Naciones Unidas”.

“Creo que las autoridades de Centroamérica y de Naciones Unidas deben cooperar en este asunto”, dijo y aplaudió la política de Panamá de permitir el tránsito de los cubanos.

 


 

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