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  • Edición impresa de Enero 17, 2017.

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El profeta, Nabi, no era el que adivinaba el futuro sino quien nos daba el sentido de nuestro ser trascendente. Por eso, en las palabras de los Nabi hay armonía y sosiego. Impresiona ver en informativos de televisión y en los periódicos que lo que priman son noticias de desgracias, como si sólo sucedieran cosas negativas y desastres en el mundo y que no hubiera nada bueno que contar. Se diría que no hay nadie que hable en favor de los demás… Pero sí que los hay. Ofrecen esperanza, fuerza, ánimo, ganas de seguir adelante y de vivir con alegría y paz.

Duele que achaquen a jóvenes de nuestro tiempo desinterés, apatía, no preocuparse por los problemas de los demás y por la situación de desconcierto y de sufrimiento que imperan en una sociedad dominada por un capitalismo salvaje.

“Pisa fuerte al caminar y brillarás cada día más, creo tanto en ti. Siempre tendrás mi mano, mi amistad, cruza el puente sobre aguas turbulentas, no te dejes arrastrar. Deja que yo sea ese puente cuando decidas cruzar”, cantaban Simon and Garfunkel. “Quédate junto a mí. Si el cielo que vemos arriba se derrumbara y cayera; o la montaña se desmoronase hacia el mar. Yo no tendré miedo mientras tú estés conmigo”, escribió Lenon. Y Joe Cocker: “Por favor, desencadena mi corazón, déjame ir por mi camino. Desencadena mi corazón. Por favor, libérame”.

O se emocionan en busca de un unicornio azul que ayer se les perdió, de Silvio Rodríguez.

Aunque uno los escuche parece que sean ellos quienes te están escuchando a ti y que acogen y comprenden tus problemas conscientes de que algo no va bien. Por eso la música es tan importante para tantas personas, porque se sienten comprendidas, expresadas y liberadas en su compañía. Se trata de ritos arcaicos y que no precisan de la luna llena o de templos cerrados.

Canciones que apoyan a los adolescentes que sufren acoso y tienen miedo a contarlo. “Ellos van a borrar tu apariencia, intentan destruir tus sueños, vigilan siempre lo que haces, y no les importa que alguien lo pase mal. Pero no te preocupes, quizás ellos te abandonen, pero yo no lo haré”, canta Gerard Way, que convirtió esta canción en el himno de muchos jóvenes que sufrían bullying.

O Pink Floyd con “I wish you were here”, que pone voz a lo que sienten muchas personas cuando echan de menos a alguien: “Cómo desearía que estuvieses aquí, somos dos almas perdidas nadando en una pecera año tras año, que corren sobre el mismo viejo suelo. ¿Qué hemos encontrado? Los mismos viejos sueños. Cuánto desearía que estuvieras aquí”.

Bob Marley fue para toda una generación un mensaje de protección y compañía.

Y así, melodías con letras vivas que hieren y salvan, una tras otra, en esas noches sin fin mientras nuestros mayores se preguntan por dónde andaremos. ¿Y cómo se lo vas a explicar si no es con un beso o media sonrisa antes de echarte a dormir?

 

 


 

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