Mujer y mercado global

María José Atiénzar/CCS

Gran parte de la ropa y de la fruta que se vende en los grandes almacenes y supermercados vulnera los derechos laborales de millones de trabajadores de las fábricas textiles del sudeste asiático y de explotaciones agrícolas de América Latina o África.

Los empleos precarios, los sueldos insuficientes, las horas extras obligatorias y no remuneradas, la prohibición de sindicatos y las malas condiciones higiénicas y sanitarias, derivan de las estrategias globales de supermercados, grandes almacenes y marcas de ropa. Todos los trabajadores sufren las consecuencias pero las mujeres, que representan entre un 60% y un 90% de la fuerza laboral de los países investigados, se llevan la peor parte. Las mujeres no disfrutan de bajas de maternidad, muchas sufren acoso o abusos sexuales y, además, suelen encargarse del cuidado del hogar.

"El abuso de poder de las empresas exprime a los trabajadores al final de la cadena, la mayoría mujeres e inmigrantes, de países ricos y pobres. El comercio mundial puede servir para mucho más que para crear unos empleos que dejan a millones de personas sin opciones de futuro", afirma Ignasi Carreras, director general de Intermón Oxfam.

‘Más por menos’ denuncia las prácticas de cadenas como la estadounidense Wal-mart (el mayor minorista del mundo) o el supermercado británico Tesco, que suelen fijar el precio al proveedor en función del precio final de venta y no de los costes de producción. En Florida, los cultivadores de tomates, la mayoría mexicanos, han visto caer el precio que reciben en un 25% desde 1992 y trabajan hasta 148 horas extras cada mes sin cobrarlas, ya que su sueldo depende del número de piezas recolectadas. En Chile, el 75% de las mujeres dedicadas a recoger fruta tienen contratos temporales y trabajan más de 60 horas semanales en temporada alta.

Sobre el sector de la confección, el informe revela que los tiempos de producción en las fábricas de todo el mundo se han reducido un 30% en los últimos cinco años. En la provincia china de Guangdong, una de las regiones industriales de mayor crecimiento del mundo, las trabajadoras hacen más de 150 horas extras al mes y el 90% no tiene acceso a la seguridad social. En las maquilas de Honduras, las trabajadoras ganan sueldos que apenas sirven para cubrir un tercio de sus necesidades básicas, según reconoce el propio gobierno del país.

"Es cierto que millones de mujeres tienen ahora un empleo que antes no tenían. Pero un sueldo insuficiente y que degrada sus derechos no las aleja de la pobreza. Las empresas no tienen justificación para aprovecharse de estas trabajadoras", asegura Ignasi Carreras.

Las grandes compañías deberían revisar sus prácticas de compra y comprometerse con el respeto de los derechos laborales. Que los productores y proveedores garanticen un trabajo digno a sus empleados. Los Gobiernos del Sur y del Norte deben cumplir las normas laborales internacionales y fomentar un empleo que reduzca la pobreza y permita la igualdad de género y el desarrollo. Las grandes instituciones internacionales como el FMI o el Banco Mundial han de promover los derechos de los trabajadores como herramienta fundamental en la erradicación de la pobreza. Los inversores deberían utilizar su poder en los mercados para promover prácticas de respeto de los estándares internacionales en las cadenas globales y por último, los consumidores, han de presionar a las compañías para que cambien sus prácticas de compra.

El informe descarta que la responsabilidad de esta situación sea sólo de las grandes corporaciones y recuerda, por ejemplo, que muchos Gobiernos, alentados por el FMI y el Banco Mundial, atraen a los inversores ofreciendo bajos costes y mano de obra flexible.

Las mujeres ya no van al mercado, sino que éste las controla y explota.