Deuda y comercio injusto, un tsunami permanente

Por Xavier Caño • CCS

El tsunami del sudeste asiático ha estremecido el mundo pero, hasta que causó más de 250.000 muertos y destruyó regiones, nadie pensó que los países más ricos del mundo exigen en el 2005 miles de millones de dólares a los países afectados por pago de deuda externa. Según datos del Banco Mundial, los países destrozados por el maremoto debían pagar casi 45.000 millones de dólares. Un auténtico tsunami económico. El pago de la deuda externa supone el 80% de los ingresos anuales de Indonesia, el 59% de los de Sri Lanza y el 48% de los de Tailandia. El estupor por la desgracia ha sido tal que los siete países más ricos acordaron concederles la suspensión del pago de intereses de la deuda. Sólo la suspensión y sólo los intereses.

El responsable de coordinación de ayuda humanitaria de la ONU, Jan Egeland, ha aprovechado la explosión mediática por la catástrofe para recordar que hay más tsunamis en el mundo, como la muerte diaria por enfermedades curables de más de 30.000 niños de menos de cinco años. Un tsunami semanal. Sin olvidar otro tsunami que devasta África: el sida. A los países empobrecidos les amenazan muchos tsunamis.

Según datos de Naciones Unidas, el 98% de muertos en catástrofes naturales de los veinte últimos años lo han sido en países pobres; de igual manera los países empobre-cidos han soportado la mayoría de costes económicos por de-sastres naturales. La cuestión es si nos rasgamos las vestiduras y cubrimos nuestras cabezas de ceniza ante cada catástrofe natural o atacamos la raíz del problema y acabamos para siempre con la pobreza, origen de la mayoría de problemas graves del planeta.

Desde el Reino Unido se ha alzado una voz sorprendente y esperanzadora. El Gobierno británico propone a los países ricos una ămoratoria total de la deuda de los países con más dificultades (no sólo los afectados por el maremoto) y que seamos capaces de conseguir que la próxima ronda comercial beneficie a los países más pobres).

Ignasi Carreras, director general de Intermon Oxfam, miembro de la federación internacional de ayuda al desarrollo, ha formulado ine-quívocamente qué debe hacerse en el 2005 si queremos resolver el problema de la pobreza, el subdesarrollo, las catástrofes y la inestabilidad permanente: Los países ricos deben doblar la ayuda exterior (también propuesto por el presidente francés, Jacques Chirac), deben cancelar por completo la deuda exterior de los países pobres, deben cambiar las reglas comerciales internacionales que benefician escandalosamente a los países más ricos y han de proporcionar fondos suficientes para la vacuna contra el sida y el tratamiento para mantener con una vida digna a los infectados por el virus.

El economista Jeffrey Sachs, director del informe encargado por la ONU sobre la consecución de los Objetivos del Milenio, dice que, a pesar del retraso, aún estamos a tiempo y “podemos ser testigos de la erradicación de la pobreza extrema en el mundo. No hablo de reducción, hablo de erradicación”. Para eso es preciso cumplir con los objetivos que señalaba Carreras y ha propuesto el Gobierno británico.

La pobreza global amenaza la estabilidad y la seguridad globales; ahí está el veloz crecimiento del islamismo integrista en África para demostrarlo. Aunque sólo fuera por egoísmo, por el primario interés de conservar seguridad y vida, los países ricos han de esforzarse en acabar con la miseria mundial, con el tsunami permanente de la pobreza. El mundo tiene recursos y tecnología para lograrlo..