En la mira de Bush

Por Isaac Bigio

Bush ha dejado claro que sus próximos blancos son Siria e Irán. Este último es presentado como el mayor alentador mundial de terrorismo. Lo paradójico es que EU ha requerido de la colaboración iraní para haber derrotado a los talibanes y Saddam, enfrentar a Al Qaeda y estabilizar Irak y Afganistán.

Teherán ha sacado ventaja de la caída de sus oponentes en dos de sus vecinos para consolidarse y posiblemente dotarse de facilidades nucleares. El nuevo choque entre los ayatolas y Bush podría generar una crisis produciendo conflictos armados con los chiítas pro-Irán del oeste afgano y el sur iraquí.

Las amenazas bushistas no podrían aún desencadenar un bombardeo contra Irán o Siria, pero sirven para buscar atemorizar a esos regímenes y hacer que recorten tanto apoyo que éstos dan al Hamas e Hizbola, y posibiliten que Abbas acepte diversas condiciones de Sharon para dar paso a alguna forma de Estado palestino.

Irak: elecciones

Las elecciones iraquíes se desarrollaron con violencia y con boicot en muchas zonas del centro sunnita. En el nuevo parlamento tendrán peso los partidos pro-autonomía kurda, y la gran mayoría la tendrán los chiítas.

Los chiítas están concentrados donde hay petróleo en Irán, Irak, Arabia Saudita o Qatar. Solo en Irán han estado en el poder y en los demás países son reprimidos. El hecho que la segunda secta del Islam llegue por primera vez a encabezar una república árabe (Irak) va a producir una ‘revolución’ en toda la región. Los Estados Unidos hubiesen preferido evitar ese escenario, pero prefieren ese mal menor al avance de la insurgencia sunnita.

Estos comicios agudizarán las divisiones dentro de Irak y el mundo árabe. En diversos medios sunnitas se habla que lo que los ayatolas iraníes no pudieron conseguir hace 25 años, ahora los anglo-americanos lo estarían permitiendo: el que los chiítas lleguen al poder en el arco fértil que va desde el Pérsico hasta Líbano.

Regionalización boliviana

Bolivia, la república sudamericana más inestable, multi-nacional y heterogénea tiene una de las constituciones más centralistas. Sus 9 departamentos son regidos por un prefecto nombrado por el presidente.

Santa Cruz, el departamento más próspero y grande del país, está cerca de declarar unilateralmente su autonomía. Sus demandas son rechazadas por muchos, sobre todo en el altiplano, quienes temen una dinámica separatista.

Si Santa Cruz fuese a elegir su propia asamblea y gobierno departamental, ello podría implicar que Bolivia acabase adoptando algún sistema regional inspirado ya sea en el de Perú, Argentina, Brasil o España.

Sectores indígenas de Santa Cruz pueden plantear su propia autonomía en ese departamento. La cuenca boliviana del Titicaca (el ‘Gran Omasuyos’) tiene un fuerte movimiento nacionalista aymara donde el Estado central ha sido arrinconado.

El modelo canadiense de territorios semi-soberanos para los nativos y esquimales puede ser un atractivo para el nacionalismo indio y ello, a la postre, puede incidir sobre Perú.