Es cosa de cultura

México del Norte

Por: Jorge Mújica Murias

Desde que empezó 2006, en México del Sur los migrantes somos tema de primera plana. La aprobación del mítico muro de Jum Sensenbrenner, bisnieto de inmigrantes austriacos, tan imposible de hacer que ya hasta George W. Bush le bajó de... kilómetros en su último discurso, sirvió para que en allá en el Sur todo el mundo opinara de nosotros.

Abrió fuego el Peje López Obrador, dedicándonos la mitad de su discurso al registrarse como candidato a la Presidencia por el Partido de la Revolución Democrática. Dijo el Peje que “La prueba más contundente del fracaso de la actual política económica es la falta de empleos. Por eso, millones de mexicanos han tenido que migrar al extranjero. Nada más en lo que va del gobierno de Vicente Fox, han abandonado el país, por necesidad, más de 2 millones de trabajadores”.

Siguió con que “Es doloroso ver cómo miles de mexicanos se juegan la vida tratando de cruzar la frontera norte y llegar a los Estados Unidos”, y remató con que “es indignante ver cómo el Presidente Fox, por estar empeñado en mantener la misma política económica que sólo beneficia a las elites del poder”; no tiene la autoridad moral ni política para enfrentar la ignominia de un muro fronterizo, ni para protestar por la muerte de migrantes y el destierro, por necesidad, de miles y miles de compatriotas. El fracaso de la política económica es el fracaso de la política migratoria del Presidente Fox”.

La respuesta inmediata vino no de Fox, sino de su intérprete oficial, Burrén (perdón!, Rubén) Aguilar. Queriendo evitar que su jefe dijera alguna de sus acostumbradas tarugadas que después hubiera que corregir, Aguilar abrió la boca antes que su jefe, y se la llenó de moscas: “El problema migratorio es serio”, dijo Burrén, “pero las estadísticas muestran que ha disminuido, producto de que la política social de Estado está dando resultados a través de la reducción de la pobreza extrema”. Tema viejo, ya muy discutido. Todos sabemos que hoy hay menos pobres extremos en México porque se vinieron a México del Norte, y con sus remesas mantienen a sus familias, pero en fin.

Si ahí se hubiera callado, ni quien lo pelara, pero con la diarrea verbal que azota al “sexenio del cambio”, siguió: “Los datos del Gobierno indican que más del 80 por ciento de quienes migran hacia EEUU tienen trabajo en México, por lo que no se van por falta de empleo sino por otra serie de condiciones, también de carácter cultural, y porque esperan una mejor condición de vida”.

Ya todo el mundo lo desmintió: el cardenal Norberto Rivera dejó clarito que “la migración hacia Estados Unidos se debe a la escasez de empleos, que es responsabilidad tanto del gobierno federal como de empresarios”. Los empresarios respondieron, en voz de Alberto Núñez Esteva, presidente de la Confederación Patronal de México (Coparmex), que la migración se da “por falta de oportunidades”, y que el “sueño americano” es sueño porque es mejor que lo que hay en su país. Lo complementó José Luis Barraza González, del Consejo Coordinador Empresarial, afirmando que “definitivamente hay una gran necesidad de empleo en la mayoría de quienes deciden ir a Estados Unidos”, por lo que “no coincidimos con las apreciaciones del vocero de la Presidencia de la República”.

Aguilar se basó en una estadística del Centro de Estudios Hispanos Pew, según la cual el 80 por ciento de los migrantes tenía trabajo en México. El agregado cultural fue suyo. Querrá decir que tenemos cultura de cruzar el desierto, separarnos de nuestras familias para hacer el viaje al norte, arriesgar la vida, trabajar de este lado como bestias para mandar lana a México.

Hasta FeCal, Felipe Calderón, candidato a presidente por el Partido Acción Nacional, desmintió a Burrén. Como michoacano, sabe un poquito más de la migración.

Claro que nadie le ha preguntado a los migrantes mismos. Como siempre, los paisanólogos hablan y nosotros no, así que ahí le va nuestra respuesta a Burrén: Lea bien la letra chiquita del estudio, buey. Ese 80 por ciento de trabajadores emigrados ganaban allá diez veces menos que acá. No es la cultura ni la falta de chambas de tragafuegos, eran los míseros salariosÉ