Mahoma y la libertad de prensa

Por: Lisandro Otero / Rebelión

La publicación de unas caricaturas ofensivas en un diario danés, luego reproducidas en muchos otros periódicos europeos, ha dado lugar a una extendida confrontación que ha suscitado manifestaciones, protestas, apedrea-miento de consulados, incendio de embajadas y una vasta ola de rencor en el mundo árabe contra Occidente.

La caricatura muestra a Mahoma con un turbante en forma de bomba. Imaginemos casos similares, un rabino portador de una bazuca con la cual extermina palestinos, o una imagen de Jesucristo piloteando un avión F-86 desde el cual ametralla iraquíes. Ello daría lugar a un vasto clamor de los órganos occidentales acusando de antisemitismo o de blasfemia anticristiana  a los autores.

Lo que trata de demostrar la prensa europea es que el Islam es una religión violenta y ello es una afirmación torpe y majadera porque ignora los infinitos matices dentro del Islam y las fisuras sociales que  fraccionan y otorgan una coloración múltiple a esa civilización. No son las religiones las que combaten sino los estados que responden a sus organizaciones políticas. El rencor contra el Islam se origina por su resistencia a no dejarse dominar por la ocupación extranjera, por su inconformidad con la explotación intensiva de sus recursos petroleros.

Para colmo de necedades ahora la prensa europea, e incluso la estadounidense, ha comenzado a reproducir las caricaturas masiva-mente como una manera de reafirmar la libertad de prensa, que, alegan, ven amenazada. La realidad es otra. Europa y Estados Unidos se han empeñado en una guerra contra Irak y necesitan convencer a sus ciudadanos que esa guerra es justa, que ha sido emprendida contra sujetos agresivos, coléricos y crueles.

Todos saben que la libertad de prensa no existe. Las grandes corporaciones propietarias de los medios de comunicación los sitúan al servicio de sus intereses y condicionan la emisión de noticias a las necesidades de las tesis que deseen imponer. Esto fue bien visible al iniciarse la guerra en Irak cuando medios reputados como “neutrales” y “serios” como el New York Times y la CNN dieron versiones tan distorsionadas, tan intrigantes e impostoras que comprometieron su reputación y mermaron su capacidad de influir en la opinión.

El pueblo estadounidense se traga estas monsergas y sale con sus banderitas a la calle, inflamados de patriotismo, creyendo realmente que combaten por el rescate de un pueblo encadenado sin percatarse que están siendo usados como autómatas para satisfacer el apetito de ganancias de las empresas petroleras y de los despiadados peones que las sirven desde las esferas de gobierno.

Los nuevos amos de la prensa son inmensos “holdings” insertados en lo que se llama la industria de la comunicación y están ligados a periódicos, revistas, cadenas de radio y televisión. La libertad de expresión de la prensa es, en realidad, la libertad del gran capital financiero de moldear la opinión pública de acuerdo con sus intereses.

No puede esgrimirse la inexistente “libertad de prensa” como una excusa para fomentar el odio religioso, la xenofobia y la intolerancia como parte de una guerra psicológica para aplastar la justificada rebeldía nacionalista de los pueblos árabes.