Antes de que las ciencias económicas alcanzaran un grado de desarrollo compacto y global, mercantilistas y fisiócratas comparten el mérito de hacer un intento en esa dirección. Ambas son corrientes de pensamiento del siglo XVIII que inauguraron la economía política y son consideradas la “prehistoria” de la reflexión económica.

Los mercantilistas, surgidos en Alemania, eran los consejeros en materia económica de los reyes absolutos. Para ellos, y su horizonte de época, la riqueza consistía sólo en acumular toda la cantidad de oro posible. Cuanto más grande el tesoro más rica es una nación. Se promovía vender mucho y comprar poco para mantener la balanza comercial en superávit. Idea que por definición es inviable en todos los países a la vez. El mercantilismo inaugura la intervención del Estado en asuntos económicos defendiendo el comercio.

En Francia, surge una corriente antagónica: los fisiócratas. Ellos promueven la no intervención del Estado y el libre tránsito de mercaderías entre naciones. Para los fisiócratas lo más importante es que las economías generen un excedente y se mantengan en crecimiento constante. Dicho crecimiento sólo podía surgir del trabajo humano y, exclusivamente, del agrícola. La industria, todavía, no era considerada como una fuente de riquezas.