Rechazo al TLC en México

Decenas de miles de campesinos marcharon en la capital del país en contra del Tratado de Libre Comercio (TLC) que a partir del 1º enero de 2008 liberó de aranceles al mercado agrícola, incluyendo maíz, frijol y derivados como caña de azúcar y leche, productos básicos en la dieta de los mexicanos.

Los manifestantes fueron con vacas, burros, tractores y camionetas, y estaban vestidos con pantalones de mezclilla, botas y sombreros de ala corta. Fueron desde el Ángel de la Independencia (monumento emblemático de la ciudad) hasta el Zócalo.

La concentración fue una de las más concurridas que enfrentó el Gobierno del presidente Felipe Calderón, a poco más de un año de iniciar su gestión. “¡Estamos llegando, Calderón está temblando!”, gritaban desafiantes.

La solicitud principal es la renegociación del segundo capítulo agropecuario del TLC, pues consideran que compiten en condiciones de desventaja en subsidios, tecnología y distribución con relación a sus pares estadounidenses.

“Con el dinero que gasta un campesino mexicano en producir una hectárea, el estadounidense siembra 20”, dijo Francisco Román, de la Central Campesina Cardenista de Tlaxcala. “Cuesta tanto solventar los gastos, que muchos prefieren no sembrar el campo en México y emigrar a Estados Unidos a cultivar los campos de otros. Esto es un verdadero desastre.”

Argumentos como este nutrieron la manifestación, que forma parte de la movilización nacional “Sin maíz no hay país”, y en la que participaron agricultores de todos los estados y organizaciones sindicales para apoyar la causa.

También estuvieron presentes algunos políticos del Partido de la Revolución Democrática, como Carlos Navarro, presidente de la Comisión de Desarrollo Rural de la Cámara de Diputados, quien reiteró su postura acerca de que los campesinos no están preparados para competir.

De acuerdo con estadísticas de la oposición, a pesar de que México puede ser autosuficiente en la producción de maíz, importa cada año 10.7 millones de toneladas de este grano, así como el 80% del arroz y el 90% de la soja que consume.

No obstante, otras voces como la U.S.-México Chamber of Commerce consideran que no es el momento de quejarse, porque han pasado ya 15 años desde que entró en vigor ese tratado comercial, tiempo suficiente para prepararse.

Los campesinos mexicanos echaron en cara al Gobierno el “haberlos dejado solos” en el aprendizaje para comercializar con el país más rico del mundo.

“Yo he intentado de todo, incluso vender sobre pedido, pero siempre pasa algo que me lleva a la quiebra”, dice Efraín Bello, un productor de tomate en Tlachichuca, Puebla. El año pasado, Bello intentó comprar un seguro contra desastres naturales, pero las compañías no se lo autorizaron porque era una zona de “alto riego”. Así que una granizada terminó con 8 hectáreas de producción y sus sueños por un tractor.

“No hay seguros, los subsidios del campo no llegan a tiempo, las cortadoras, los tractores y toda la tecnología es carísima”, evalúa. “Así no podemos competir.”

De acuerdo con los manifestantes, la suma de los “agravios contra el campo” la representa el secretario de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa) Alberto Cárdenas, por su “incompetencia” y falta de sensibilidad al declarar que el TLC es más ventajoso que negativo.

Según cifras de la dependencia, las exportaciones mexicanas del sector agrícola aumentaron un 300%, lo que significa 2,800 millones de dólares en 1993 a 11,200 millones de dólares en 2006.

Pero tales números no se ven reflejados en los bolsillos de los pequeños y medianos agricultores, dicen. Y por eso exigían la renuncia del secretario, al son de una tonada muy campesina: “¡Sacaremos a ese buey de la Sagarpa!”.