Habla con la verdad

Por Margie Davis

“Habla con la verdad y apena al diablo”, dice un proverbio afroamericano. Es momento de que los ciudadanos de Estados Unidos hablen con la verdad, que se liberen de los mitos de la cristiandad, para ser un país amoroso que recibe a todos aquellos que busquen asilo o una mejor vida.

Los ciudadanos no han reflexionado a fondo sobre este tema, ya que el discurso público se ha enfocado en la gente de afuera. La política migratoria actual (que se puede resumir como “¡Sálganse!”) generalmente se justifica con bases razonables o de caridad.

Aquellos que argumentan en el asunto de los extranjeros indocumentados citan las Escrituras o enlistan ejemplos de los beneficios económicos que esta fuerza de trabajo le aporta a Estados Unidos. Estas apelaciones no van a funcionar. El país se encuentra claramente en un estado de ánimo combativo (pregúntenle a los iraquíes) y sus morales se han escurrido a un nivel bajo. Estos argumentos no van a funcionar porque se enfocan solamente en un segmento de la sociedad que Estados Unidos ha denominado “ilegal”, por lo tanto no es de interés general.

Es hora de encenderse en este país.

Un inmigrante indocumentado podría justificarse: “Yo vine aquí. Usted me ofreció trabajo. Me vendió una casa. Me vendió un carro”.

Ante eso, Estados Unidos recalca que no se puede hacer responsable por lo que hacen algunos ciudadanos.

“¿Y qué decir sobre la Estatua de la Libertad?”, pueden preguntar entonces los inmigrantes, ya que esta tiene una luz poderosa que alumbra hacia la Lady in the Harbour. “Madre de los Exiliados”, la llamó Emma Lazarus en el poema que quedó inscrito en la base de la estatua.

¿Y qué más es esa estatua, que enorgullece a los ciudadanos de Estados Unidos, sino un gran anuncio para el mundo de que esta es una nación que recibe a todo el que viene? Aquí nos engalanamos con las palabras de Lazarus:

Dame tu cansado, tu pobre, tus masas amontonadas añorando respirar con libertad, la terrible negación de tu abundante costa.

Envíame a estos, los que no tienen hogar, los heridos por la tormenta…

No dice “dame a tus cansados y a tus pobres pero solo si tienen sus documentos en orden”. No dice “envíame a los que no tienen hogar, los heridos por la tormenta, pero solo si hablan perfectamente el inglés”.

Esto no es más que propaganda falsa, prometiendo una cosa y luego realizando otra.

Con respecto a estas palabras, los inmigrantes indocumentados podrían contestar: “Usted me trajo aquí bajo pretextos falsos. Eso rompe todo negocio. ¿Quieres que me vaya? Regrésame el dinero de mi casa. Regrésame lo que pagué por mi coche. Regrésame lo que he pagado al Seguro Social. Eso es lo mínimo que necesito para regresar a casa y comenzar una vida nueva”.

A Estados Unidos no le gusta este tipo de preguntas. Para evitar ser sometidos a valores que en realidad no creemos, deberíamos derretir toda la estatua y regresársela a los franceses, ya que tampoco nos caen bien ahora. Se podría dinamitar el poema que está en la base de la Estatua de la Libertad. O, al menos, podríamos cubrir esas estrofas con un aviso que diga: “¡Solo bromeábamos!”.

Este es el texto completo del poema de Lazarus.

El nuevo coloso

No como el gigante bronceado de la fama griega, con extremidades conquistadoras que se estiran de tierra a tierra; aquí en nuestras puertas lavadas por el mar y los atardeceres se pararán una mujer majestuosa con una antorcha, cuya flama es el relámpago contenido, y cuyo nombre es

Madre de los Exiliados. Desde su mano de faro resplandece su bienvenida al mundo, sus ojos ligeros mandan la bahía con puentes de aire que enmarcan estas ciudades gemelas.

“¡Cuida las tierras antiguas, tu pompa de historias!”, ella exclama con labios silentes.“Dame a tus cansados, tus pobres, tus masas amontonadas añorando respirar libremente, la terrible negación de tu abundante costa.

Envíame a estos, los que no tienen hogar, los que han sido golpeados por la tempestad

¡Yo elevo mi lámpara a un lado de la puerta dorada!”.