En medio de esta tormenta económica llevo conmigo la última conversación sostenida con varias familias inmigrantes locales. Su dolor resalta por el hecho de que al no tener trabajo no tienen otra forma de sostenerse. Los beneficios regulares de desempleo y seguro social, por haber estado trabajando sin documentación legal, están más allá de su alcance. Los impuestos retenidos de sus salarios terminarán en un limbo fiscal, al cual no tendrán acceso. En el caso de aquellos con un número ITIN (número federal asignado por el gobierno a aquellos que no tienen número de seguro social, a fin de que puedan pagar impuestos), quizá puedan recuperar lo que se les debe, pero para muchos otros, esa no es una posibilidad,

Durante la reunion, varios de ellos declararon que partían, no porque querían, sino por la sencilla razón de que no hay trabajo. Vinieron a trabajar y trajeron a sus familias en búsqueda de un mejor porvenir para sus hijos. En ese proceso de trabajar y vivir aquí, compraron casas y autos, gastaron dinero localmente y pagaron los impuestos de ventas que todo mundo paga aquí.

Se hicieron parte del tejido social del área, ofreciendo y recibiendo servicios, vinculándose a la comunidad a medida que aprendían inglés, asistiendo a las conferencias para padres y soñando con una permanencia sólida aquí, a la vez que enviaban dinero a su lugar de origen para sostener a otros familiares.

Dependiendo del tiempo transcurrido, sus raíces se hicieron más fuertes, sus hijos aprendieron el idioma mejor que ellos y ellos se enorgullecián de ésto. Sin embargo, también hablaban español en casa y no olvidaban de llamar en ese idioma a la abuela y a otros en su país.

Ellos aman el clima cálido pero aprendieron a vivir aquí en tiempos de frío y nieve. Aman las frutas y verduras frescas pero aprendieron a restringir sus dietas en los meses de invierno. Les encanta la música alta, reunirse en la mitad de la calle a hablar y bromear pero tuvieron que aprender a aislarse en sus casas. Invirtieron su trabajo, su corazón y su salud en este lugar y ahora parten con las manos vacías, como llegaron, habiendo perdido sus casas, no pudiendo quedarse y como ellos mismos dicen: “Estaré aquí mientras que haya trabajo. Si no hay trabajo, nos tenemos que ir”.

Una vez más afirmo: Ellos vinieron a trabajar, no hay trabajo y se están yendo.

Al caer en cuenta de su suerte se van con gratitud por lo que vivieron y aprendieron aquí, pero diciendo con orgullo: “Necesitamos trabajar para sostener a nuestras familias”.

Con su partida le demuestran a aquellos que decían que estan aquí ‘disfrutando del sistema’, quitándole beneficios a los ciudadanos de este país, que están equivocados.

Admito que dejan muchos problemas. Atrás quedan las casas vacías sin nadie que las cuide, los salones de clase vacíos donde muchos maestros y otros no serán necesarios. Los vendedores de autos, tiendas y restaurantes que ya no los contarán entre sus clientes, incluso muchas de las agencias sin fines de lucro y agencias de servicio que ya no tendrán que ‘cuidar’ de ellos.

Adiós a todos ellos. Que el sol tropical les ofrezca un mejor futuro con las lecciones aprendidas aquí. Quiera Dios que continúen creciendo con ese profundo sentido de familia y responsabilidad por el bienestar de otros menos afortunados que les recibirán ahora que vuelven.

Dejan un gran vacío entre nosotros. Adiós y gracias por el enorme privilegio de haberlos conocido!