Convivencia amenazada

Por Carlos Miguélez Monroy

El malestar por los efectos de la crisis económica en Europa empieza a manifestarse como en el resto del mundo, pero con ciertos matices de xenofobia y de nacionalismo económico.

En Italia, tres jóvenes le llenaron los ojos de pintura gris a una persona sin hogar, lo rociaron con una sustancia inflamable y lo prendieron fuego. Desde septiembre, han aparecido muertos una quincena de inmigrantes subsaharianos, asesinados por la mafia. 

Éstos podrían considerarse ‘hechos aislados’, demostraciones cotidianas de la violencia ‘normal’ que se vive en el mundo si no fuera por el impulso que reciben desde la Liga Norte en Italia, un grupo parlamentario de extrema derecha.

Roberto Maroni, dirigente de ese grupo y Ministro del Interior en Italia, promovía en semanas recientes una nueva Ley de Seguridad que convertía en delito pisar territorio italiano sin papeles. Pero no sólo eso. Los italianos que no denunciaran a los inmigrantes clandestinos se convertirían en cómplices. Esto provocó reacciones contundentes.

En Inglaterra, grupos de trabajadores han protagonizado protestas con mensajes xenófobos a raíz del desempleo y la crisis económica que vive el país. Los sindicatos exigían la expulsión de trabajadores extranjeros si ocupaban los puestos de trabajo de ingleses desempleados. La derecha política, de la mano de David Cameron, ha utilizado también el discurso nacionalista-económico para debilitar a su adversario, el Primer Ministro Gordon Brown.

En el caso de Inglaterra, la causante de las protestas fue una empresa italiana que pretendía limitar el número de puestos de trabajo para los ingleses. Los sindicatos reaccionaron con fuerza y organizaron protestas hasta que el Gobierno se comprometió a garantizar un número mayor de empleos en la fábrica para los trabajadores locales.

Esta respuesta ha despertado malestar en los estados miembros de la Unión Europea a la que pertenece Reino Unido, con la movilidad laboral como uno de sus vértices. El desempleo, el encarecimiento de la vivienda y de la vida en general y la falta de acceso a los créditos de los bancos ya comienzan a germinar en malestar en las calles.

Antes de que terminara la Segunda Guerra Mundial, los dirigentes de los países en guerra preparaban la paz en su reunión de Bretton Woods con la convicción de que la mejor herramienta para la paz era el bienestar económico y la cooperación. Así nacen el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

El Plan Marshall concentró los esfuerzos en la reconstrucción de Europa por medio de infraestructuras, de educación. Estados Unidos era consciente de que esa cooperación le abría nuevos mercados con países que estarían en su esfera de influencia, y no en la del comunismo soviético. Auque se trata de historia, hoy se pueden retomar las lecciones que quedaron.

Los gobiernos y sus respectivas oposiciones deberían moderar sus discursos. ‘Atraer’ votos por medio de retórica nacionalista-racista podría tener un efecto boomerang, pues la verdadera solución no la tienen ni los más prestigiosos economistas. El proteccionismo propuesto por algunos políticos no tiene cabida en la realidad comercial y económica interdependiente en pleno siglo XXI.

Una cosa es limitar la especulación financiera, los grandes beneficios para los agentes de Wall Street y los grandes centros financieros. Pero culpar a los trabajadores extranjeros por la situación de crisis significa que se está dejando de lado la realidad.