Dinero

Por José R Uzal

En los últimos días de su administración, George Bush comenzó el proceso de nacionalizar los bancos en Estados Unidos. El Congreso aceptó los planes presentados por el Departamento del Tesoro y la Reserva Federal para salvar a los prestamistas y a los compradores internacionales de hipotecas sub-estándar.

El plan consistía básicamente en proveer liquidez a los bancos para que estos a su vez comenzaran a otorgar créditos. El plan fue aprobado sin salvaguardas. Se le otorgó al Departamento del Tesoro el derecho de hacer con los fondos lo que creyera conveniente para salvar la economía. El plan que aprobó y defendió Bush era de 700,000 millones de dólares para comenzar. Los fondos serían emitidos en dos partes de 350,000 millones. Para financiar estas cifras astronómicas el Congreso autorizó un aumento en el monto de la deuda nacional a 1.1 trillones de dólares.

Las entidades quasi gubernamentales que controlaban el negocio hipotecario, Fannie Mae y Freddy Mac, fueron nacionalizadas y ahora son propiedad del gobierno federal. Los bancos que emitieron las hipotecas y se las vendieron a Fanny y Freddy, los inversionistas internacionales que las compraron, la compañía de seguros que aseguró las operaciones y los propietarios de las viviendas continúan esperando que el gobierno se haga cargo de todas las hipotecas tóxicas.

El plan Bush no fue suficiente. Ahora la nueva administración de Estados Unidos tiene que endeudar a la nación más de lo que está para resolver el problema que crearon los que ganaron sumas fabulosas vendiendo hipotecas fraccionadas y acciones sobre ellas.

Es obvio que la solución a la presente crisis no era sacarles las castañas del fuego a los prestamistas. La solución hubiera sido salvar a los compradores ayudándolos para que no perdieran sus hogares, fomentando un mercado viable de bienes raíces y ayudando a preservar la plusvalía en las propiedades.

También es hora de enjuiciar a los que abusaron del sistema y hacer responsables a todas las entidades federales que tenían a su cargo supervisar a los bancos, la bolsa de valores y el negocio hipotecario. Como siempre, están culpando a las víctimas por hacer todo lo posible para tener un hogar propio y una vida mejor en lugar de responsabilizar a los criminales de “cuello blanco”.

Los hispanos, en comparación a los blancos, tienen el doble de la probabilidad de haber financiado la compra de su vivienda usando hipotecas caras y sub-éstandar. Por lo tanto, un alto porcentaje de esta crisis afecta a hispanos.

El Presidente Bush estableció una meta en el 2002 de 5.5 millones de propietarios minoritarios. Si el Presidente en realidad hubiera querido llegar a su meta debió haber ordenado una moratoria en las ejecuciones hipotecarias hasta que se le hubiera encontrado una solución equitativa al problema. Desafortunadamente Bush decidió esconder el problema bajo una tonelada de deuda que tendrán que pagar nuestros nietos.

Bush pasará a la historia como el Presidente conservador que comenzó el proceso de nacionalizar los bancos y despilfarró el erario publico, poniendo en peligro la posición de Estados Unidos como super potencia.

Bush terminó su mandato. Pase lo que pase, nosotros los contribuyentes vamos a terminar pagando por los platos que él rompió. Por lo tanto, tenemos derecho de pedirle al Congreso y a la nueva administración que la ayuda sea dada a las víctimas y no a los victimarios.

José R. Uzal (uzal@msn.com) escribe para el Latino Semanal., West Palm Beach FL, sobre temas de interés para los hispanos parlantes.