Inicio

elpuentecolumnas

  • Edición impresa de Febrero 1, 2011

Un consumo suicida

 Tras la caída de Lehman Brothers, ante el advenimiento de una catástrofe económica que recordaba al crack de 1929, los jefes de Estado de los países ricos y los llamados “emergentes” anunciaron una “refundación” del capitalismo. Para economistas como Joseph Stiglitz,  Paul Krugman, Jeffrey Sachs y otros, la crisis planteaba una oportunidad para transformar las estructuras del sistema que ha llevado a la pobreza y al desempleo de millones de personas, mientras no dejaban de repartirse beneficios los directivos de entidades financieras, aseguradoras y agencias de rating.

La “refundación” consistía en un “borrón y cuenta nueva” para los principales responsables de la crisis: bancos, entidades financieras y agencias de calificación. Los gobiernos saquearon las arcas públicas para rescatar los bancos y “salvar la economía”. Se dejaron presionar por el FMI y el Banco Mundial, que abogaban por una reducción del déficit que habían provocado los rescates a la banca. Esto se traduce en sacrificios que gobiernos han pedido a las “masas” descontentas, pero adormecidas por el consumo y la “cultura” de entretenimiento.

Estos recortes en las ayudas sociales contradicen la receta aclamada por economistas y medios de comunicación: reactivar el consumo que promueven los medios de comunicación “de masas”. Resulta obvio que consumir genera riqueza y contribuye en la creación de empleo. Pero sólo puede conducir a una mayor deuda mantener los mismos niveles de consumo con un empobrecimiento del poder adquisitivo de los ciudadanos por la pérdida de empleo, la reducción de salarios y la caída misma de la compra de bienes y servicios.

Cada vez menos entidades financieras ofrecen facilidades para dar cuerda al endeudamiento que produce nuestro modelo de consumo. Las entidades financieras que han podido sobrevivir han utilizado los fondos públicos para tapar sus propios agujeros y no para facilitar crédito. Si aumentan las dificultades para acceder a préstamos, ¿quién podrá vender y quién podrá comprar y así mantener el nivel de consumo que nos llevó al colapso?

La austeridad que imponen el FMI y el Banco Mundial contradice el consumo que los gobiernos dicen fomentar para salir de la crisis. Si ambas recetas agravan el colapso de la sociedad de consumo, tienen que existir alternativas a estas dos vías que se presentan como únicas salidas posibles.

Universidades y centros de investigación, con el apoyo de gobiernos y fundaciones resultarán fundamentales en una nueva economía verde. El modelo de crecimiento después de la Segunda Guerra Mundial se basa en el consumo de bienes cada vez más perecederos y en la “libre” competencia. Esto ha llevado al desastre ecológico: contaminación de las fuentes hídricas, aumento de las temperaturas, cambios abruptos en el clima y desaparición de especies.

Si este modelo de consumo ha conducido a la humanidad al borde del abismo, urge una economía basada en revertir los daños. Así como se crearon fondos para rescatar a los bancos, se pueden crear otros para la recuperación de bosques y mares teñidos de negro, así como de especies en peligro de extinción. Se pueden crear empleos verdes que contribuyan a la salvación de nuestro planeta.

Junto con el desempleo masivo y la creciente pobreza, el síntoma más grave de la crisis radica en la falta de imaginación a la hora de idear propuestas alternativas para transformar este planeta en uno mejor para todos.

 

 


 

I Inicio I Locales I Internacionales I Nacionales I Columnas I Entretenimiento I Deportes I Clasificados I Publicidad I Escríbanos I Conózcanos I English Section I Advertise I Contact us I Archivo I Enlaces I

 

El Puente, LLC. ©

Locales
Internacionales
Nacionales
Columnas
Entretenimiento
Deportes
Clasificados
Conózcanos
Escríbanos
Publicidad
English Section
Advertise
Contact us
Archivo
Enlaces
Inicio Locales Internacionales Nacionales Columnas Entretenimiento Deportes Clasificados Conózcanos Escríbanos Publicidad English Section Advertise Contact us Archivo Enlaces