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  • Edición impresa de Febrero 15, 2011

El cerebro humano se ha empequeñecido desde hace 30,000 años, un fenómeno intrigante para los antropólogos, que en su mayoría ven en ello un efecto de la evolución hacia sociedades más complejas.

En ese período, el volumen medio del cerebro del hombre moderno, el Homo Sapiens, disminuyó alrededor de un 10%: de 1,500 a 1,359 centímetros cúbicos, el equivalente de una pelota de tenis. El cerebro de las mujeres, más pequeño que el de los hombres, conoció proporcionalmente la misma disminución. Estas mediciones fueron establecidas a partir de cráneos hallados en Europa, Oriente Medio y Asia.

Según los antropólogos, esta disminución no es tan sorprendente en la medida en que cuanto más músculo, más materia gris hace falta para controlar ese cuerpo. El hombre de Neandertal, “primo” del hombre moderno, desaparecido hace 30,000 años, era más corpulento y tenía un cerebro mayor. El hombre de Cromagnon, que hizo las pinturas rupestres de la gruta de Lascaux (Francia) hace unos 17,000 años, era el Homo sapiens dotado del cerebro más grande. También era más fuerte que sus actuales descendientes.

“Esos rasgos eran necesarios para sobrevivir en un entorno hostil”, explica David Geary, profesor de psicología en la Universidad de Missouri. Partiendo de esa constatación, este investigador estudió la evolución del tamaño del cráneo entre hace 1.9 millones de años y 10,000 años, a medida que nuestros ancestros fueron viviendo en un entorno social más complejo.

David Geary parte del principio de que cuanto mayor es la concentración humana, más intercambios hay entre los grupos, mayor es la división del trabajo y más ricas y variadas son las interacciones entre los individuos. También ha constatado que el tamaño del cerebro disminuye cuando la densidad de población aumenta.

“Esta reducción del cerebro no significa que los hombres modernos tengan menos capacidades intelectuales que sus ancestros, sino que han desarrollado formas de inteligencia más sofisticadas”, explica Brian Hare, profesor adjunto de antropología en la Universidad Duke, en Carolina del Norte.

Según él, existe un paralelismo similar entre los animales domesticados y los salvajes. Así, el perro-lobo tiene un cerebro más pequeño que el del lobo, pero es más inteligente y sofisticado porque comprende los gestos de comunicación de los hombres. Esto demuestra que “no hay correlación estrecha entre el tamaño del cerebro y el cociente intelectual”. El científico cita el ejemplo de los chimpancés, agresivos y dominadores, dotados de un cerebro mayor que el de los bonobos, considerados más “civilizados”.

“Los humanos son a la vez chimpancés y bonobos”, nuestros “primos” más cercanos, dice el investigador, que con ironía espera que “el lado bonobo gane en la evolución por el bien de todos”.

 


 

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