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  • Edición impresa de Febrero 5, 2013

Fuerte explosión en los edificios de Petróleos Mexicanos provoca pánico y numerosas víctimas fatales

Un estallido seguido de onda expansiva causó pánico el pasado jueves 31 entre los trabajadores de los edificios de Petróleos Mexicanos (Pemex). La versión oficial fue la de un cortocircuito, y por la noche la conclusión fue que se requerirá la intervención de “expertos nacionales e internacionales”.

Antes de las 16 horas de ese día, cientos de trabajadores desalojaron las torres ubicadas sobre Marina Nacional, en la colonia Verónica Anzures, delegación Miguel Hidalgo.

El derrumbe ocurrió en el edificio B2, de 13 pisos, y dejó decenas de personas atrapadas y heridas.

El conteo preliminar era de 35 muertos, 101 heridos y más de un centenar de lesionados.

La falta de información generó caos e incertidumbre. A través de su cuenta de Twitter, las autoridades de Pemex daban a conocer que el desalojo se debía a una “falla eléctrica”. Pero a esa misma hora los familiares de los trabajadores llegaban al lugar preguntando por la explosión y el derrumbe reportado por las llamadas telefónicas que habían recibido desde el interior del edificio.

Vecinos de la sede dieron cuenta de las llamas que habían salido del edificio.

Los primeros heridos salían en camillas o caminando. Uno de ellos explicó que toda la zona de recursos humanos, ubicada en la planta baja, estaba en medio del colapso.

Un trabajador reveló que en el área del siniestro no había calderas, como se especulaba. El edificio B2 está contiguo a la torre principal de Pemex, que es uno de los edificios emblemáticos de la ciudad de México.

El jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, llegó al lugar y después lo hizo el jefe de la policía capitalina, Jesús Rodríguez Almeida.

También llegaron al lugar el secretario de Gobernación, el titular de la Procuraduría General de la República (PGR), y el comisionado general de la Policía Federal, quienes no informaron nada. Las más de 100 ambulancias que habían salido y entrado del lugar hablaban por sí mismas. Los helicópteros no dejaban de sobrevolar la zona.

Cerca de las 18 horas se negaba información sobre personas fallecidas, pero llegaban ambulancias de servicios periciales de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, requeridas para el levantamiento de cadáveres.

Personal especializado de la UNAM entró acompañado de perros entrenados para la localización de personas; a esto siguieron personal de rescate de la SSPDF y cinco binomios de perro y entrenador de la Secretaría de Marina.

La zona se empezó a llenar de elementos de la Policía Federal, del Ejército que iban con armas de alto poder. Casi a las 20 horas apareció el agrupamiento anti bombas de la Marina.

Se estima que había más de 800 elementos especializados, entre policías y trabajadores de rescate.

A la zona, empezaron a llegar más familiares de trabajadores que ya habían recorrido diversos hospitales sin éxito.

Tras la primera explosión de la tarde, hubo una nueva alerta por la noche que produjo el desalojo de gran parte de los elementos policíacos, reporteros y gente reunida en el lugar.

 


 

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