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  • Edición impresa de Febrero 19, 2013

Obama presentó su proyecto progresista ante ambas cámaras del Congreso

Por Antonio Cano

Barack Obama hizo una defensa sin complejos del valor del estado para mejorar la vida de las personas, equilibrar las desigualdades que produce la economía de mercado y promover la prosperidad y la modernización del país. En su discurso sobre el estado de la Unión, el presidente rechazó la austeridad como modelo y presentó una serie de medidas que pretenden recuperar la vitalidad de la clase media norteamericana y acelerar el crecimiento.

“La reducción del déficit en sí mismo no es un plan económico”, manifestó Obama ante una sesión conjunta del Congreso. “Una economía que crezca y que sea capaz de crear buenos empleos para la clase media debe de ser el norte que guíe nuestros esfuerzos”.

Confiando en “un compromiso razonable para lograrlo”, Obama pidió el respaldo del Congreso para la aprobación de varias iniciativas destinadas a revitalizar la clase media, aumentar el poder adquisitivo de los trabajadores y crear empleo. Entre otras, están: el aumento del salario mínimo de 7.25 a 9 dólares la hora, la aplicación de un modelo de educación preescolar de carácter universal, la creación de 15 institutos para el desarrollo de nuevas tecnologías para la industria manufacturera y la apertura de un fondo, financiado por el dinero de las licencias para la explotación petrolera, para la promoción de energías limpias.

El presidente aseguró que nada de esto añadirá ni un solo céntimo al déficit público. Prometió que se puede lograr eliminando algunos programas públicos innecesarios, mejorando el sistema de recaudación de impuestos y aprovechando los beneficios del crecimiento económico y de la conclusión de las dos guerras en las que Estados Unidos ha participado en la última década.

El Partido Republicano rechazó inmediatamente todas esas ideas como parte de la misma política de gasto e intervencionismo estatal que Obama ha venido promoviendo desde que llegó a la Casa Blanca. “La solución que Obama encuentra para cada problema es la de más impuestos, pedir más dinero prestado y gastar más”, sostuvo el senador Marco Rubio, que pronunció la réplica en nombre de la oposición, un discurso con el que este descendiente de cubanos frustró parte de la esperanza que había, depositada en él. Nervioso, acelerado e impreciso, la intervención de Rubio será recordada, sobre todo, por la interrupción para buscar una botella de agua con la que humedecer su boca.

Obama pidió a los republicanos que, aunque se opongan, al menos permitan que se sometan a votación en el Congreso sus propuestas. Lo pidió de forma enfática, para aprobar medidas de control de las armas de fuego. Lo pidió, igualmente, para su más ambicioso proyecto de este año, una reforma migratoria que permite la legalización y el acceso a la nacionalidad norteamericana de once millones de inmigrantes indocumentados.

Obama avanzó una agenda progresista para una sociedad que se mueve hacia la izquierda, que cambia racial y demográficamente y que está reclamando urgentemente ayuda y justicia para salir de la crisis económica.

Eso deja en posición incómoda al Partido Republicano, que de nuevo parece situado en el lado incorrecto de la historia. Pero eso no garantiza el respaldo republicano en el Congreso. Obama ha ofrecido un proyecto ambicioso, casi un nuevo new deal. Pero su conversión en hechos es todavía dudosa.

 


 

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