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  • Edición impresa de Febrero 3, 2015

El caos republicano

WASHINGTON, DC  -  Llámele como quiera: caos, desmadre, despelote, revolú, quilombo, follón, pero lo que está claro es que el ascenso republicano al poder no fue tan simple como muchos anticipaban y la guerra civil que libra ese partido por su esencia y su futuro es un espectáculo a la vista de todos.

 Los republicanos controlan ambas cámaras del Congreso, pero la papa caliente de la inmigración está poniendo a prueba al liderazgo y plasmando las profundas divisiones entre las facciones de ese partido que suponen escollos a sus intentos de recuperar la Casa Blanca en 2016.

 Des Moines, Iowa, fue escenario de la llamada Cumbre de la Libertad o Freedom Summit, un foro convocado por el antiinmigrante congresista republicano de ese estado, Steve King, que reunió a la crema y nata ultraconservadora en un circo donde algunos de los aspirantes a la nominación presidencial republicana con las menores posibilidades de conseguirla se dieron cita para congraciarse con la base más radical que los ayuda en las primarias y asambleas pero que, una vez obtenida la nominación, no les sirve de mucho para ganar la elección general.

 Como en otras ocasiones, un grupo de DREAMers confrontó a los aspirantes preguntando si, de ganar la nominación y posteriormente la presidencia,  revocarían las acciones ejecutivas migratorias giradas por el presidente Obama.

 Al dejar que esa ultraderecha domine el discurso migratorio, los republicanos siguen apostando a no necesitar de otros grupos de votantes, como los latinos, para ganar elecciones generales.

 Al menos cinco de los potenciales aspirantes republicanos no acudieron a la cumbre en Iowa: Jeb Bush, Mitt Romney, Rand Paul, Marco Rubio y Bobby Jindal, pero eso no quiere decir que no tengan que aclarar sus posturas: ¿apoyan o no una reforma migratoria con vía a la ciudadanía? ¿Revocarían las acciones ejecutivas migratorias de Obama?

 Bush declaró que «debe haber una vía a la legalización para aquellos que han venido aquí y languidecen en las sombras».

 Rubio, por su parte, baila según el son que le toquen. Fue uno de los impulsores del plan S.744 con una vía a la ciudadanía que el Senado aprobó en 2013, pero cuando vio que ponía en peligro sus aspiraciones presidenciales, dio un giro de 180 grados y ahora lo denuncia en favor de una reforma por partes que comience con la seguridad fronteriza. Denunció además las acciones ejecutivas migratorias de Obama.

El liderazgo republicano en el Senado debe decidir qué hacer con el plan de gastos del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) que la Cámara baja envió con enmiendas que revocan las acciones ejecutivas de Obama. En el Senado hay republicanos que no quieren mezclar los asuntos. Antes los republicanos lamentaban no tener la mayoría en el Senado para impulsar las medidas descabelladas que enviaba la Cámara baja, y ahora su mayoría de 54 votos se queda corta por seis votos para frenar bloqueos demócratas.

 En la Cámara baja, el presidente cameral John Boehner debe decidir si seguirán enviando al Senado proyectos simbólicos que no tienen posibilidad de aprobación al no contar con 60 votos para superar los bloqueos de la minoría.

 La facción ultraconservadora en ninguna parte dice qué hacer con el gran elefante blanco en medio del salón del proceso primarista republicano y de la elección 2016: qué hacer con los millones de indocumentados.

¡Qué desbarajuste!

 


 

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