Los niños empiezan a jugar desde que nacen, y toda la estimulación que reciben a lo largo del teimpo se traduce en creatividad, seguridad, independencia y habilidad.  Para los ninos el juego es algo importante, es su ocupación, y por medio de este los padres pueden demostrar su cariño y afecto de manera constante. 

También con el juego se aprenden las reglas básicas de la vida, el respetar, compartir y comunicarse con los demás.   Está comprobado que aquellas personas que tuvieron una niñez plena, llena de juego y estimulación. se convierten en personas felices,  comprensivos, preparados para enfrentar los retos que toda etapa de la vida trae consigo.  Se dice que todo se aprende en los primeros siete años de la vida, y si se aprende jugando, pues qué mejor.

 Al nacer el niño es completamente dependiente de sus padres, necesita que lo alimenten, que lo cambien, que le den muchas caricias, y que expongan ante él ese mundo inmenso al cual acaba de entrar.  En esta etapa, aunque pareciera que el bebé no interactúa con su entorno, está captando todo lo que le rodea, sus sentidos se despiertan más día con día y reconoce a sus padres por su olor y el latido de su corazón, es especialmente sensible al estado emocional de sus padres.  En los primeros meses de vida los juegos serán de exposición:  acercarlo a olores de cosas diversas; ponerle música de varios tipos; acariciarlo con las manos, con la cara; hablarle de todo lo que ocurre a su alrededor;  además de estimular su sistema musculoesquelético con ejercicios simples, moviendo sus manitas y sus piernas.

Mientras el nino crece y su cerebro se integra más, le empiezan a interesar mucho más su cuerpo, los colores, los sonidos y las otras personas.  Se empieza a ver el entusiasmo a la hora del juego, a la hora del baño o de la comida.  Interactúa más con su medio, haciendo muecas, riendo, apuntando hacia las cosas.  Se puede jugar haciendo sonar objetos como campanas, sonajeros, tambores o llaveros, haciendo que busque el sonido.  A esta edad disfrutan mucho jugar con objetos de texturas diferentes. Muestrele cosas peludas, de cuero, de plástico, de metal, etc.  Los juegos motores ya no son tan pasivos, el bebé interviene en los movimientos, se agregan más ejercicios conforme pueda sosostener la cabeza, girar, sentarse, y rastrear.

Cuando el niño empieza a dar sus primeros pasos se da cuenta que el mundo es aún más grande, su interés por todo lo hará buen candidato para juegos llenos de creatividad y aventura.  Jugar en el patio se convierte en un paseo, y como su atención aún es limitada, cambia de actividad a cada rato.  En esta etapa los padres suelen quedar agotados mientras los niños tienen cuerda para rato. Empiezan a ser más independientes y también disfrutan jugar solos, hablar e inventar. Los juegos ya conocidos pueden cambiar y ser de nuevo divertidos con pequeñas modificaciones.  No es necesario que tengan muchos juguetes, pero sí que los jueguen con propiedad.  Poco a poco se pueden ir implementando dentro del mismo juego, enseñanzas como el “si” y el “no”. 

A partir de los cuatro años y en adelante, el niño es muy sociable, lleno de simpatía se relaciona con otros niños, aprende a jugar con ellos y crea relaciones afectivas.  Entonces los juegos se tornan aun más interesantes, ahora es el niño quien los propone, y los padres deben jugarlos con interés.  Aquí los juegos de repetición y coordinación serán de mucho provecho,  así como cualquier juego que estimule su memoria, lenguaje, creatividad e independencia.  Los niños disfrutan mucho las manualidades, el embarrarse de color, el buscar sus límites y el de sus padres.  Les encanta armar cosas con materiales, jugar a las profesiones, se transportan del pasado al futuro en un momento.