El espíritu indigena renace con el cumpleaños de Cuauhtémoc

Por: Karime Perea

El Pasado 22 de Febrero, se tuvo la oportunidad de viajar a Ixcateopan, Guerrero. Así hicimos parte de la celebración anual que se realiza en honor a Cuauhutémoc.

En el templo de la Asunción se encuentran los restos de quien fuera conocido como: tlatoani (gobernante); el onceavo y último emperador de México.

Si deseas saber más sobre Cuauhtémoc; consulta le sección de Anahuac de este periódico, en la edición de Marzo 2002.

Grupos de personas interesadas en mantener vivas sus raíces, estudian las costumbres del México antiguo y las entrelazan con la vida contemporánea. En cuanto se presenta la oportunidad, cambian su vestimenta y ofrecen sus danzas.

Existen muy diversas opiniones respecto al tema. Hay quienes prefieren ser más reservados, que otros. Sin embargo, la actitud de respeto se aprecia en la gran mayoría; la magia de la danza y las percusiones envuelven a los asistentes. El lugar vibra y la paradoja se presenta -esas paredes forman parte de lo que en otro tiempo funcionó como Iglesia, pero hoy es el templo de Cuauhtémoc-. Hoy, las culturas que alguna vez se enfrentaron dieron origen a una fusión, que es la nueva identidad de la gente de esta región.

Las danzas empiezan el 22 y continúan durante la noche para recibir el 23 danzando. Se prolongan hasta las 4 de la madrugada aproximadamente y después de descansar un rato por la mañana, se reanuda la actividad. Los visitantes tienen permitido acampar en los jardines alrededor del templo.

Llegan personas de toda la república, incluso de otros países. Vienen en muchas ocasiones de lejanos lugares, exclusivamente a pasar esos 2 días de entrega, a través de la danza.

Copilli es el “adorno” de plumas que llevan en la cabeza. Las plumas son variadas; pueden ser de gallo, guacamaya, faisán blanco, faisán chino, cóndor, etc. Las que no son nativas de la región sustituyen a aquellas que los antepasados usaban debido a que esas aves están extintas o solo quedan contados ejemplares.

Las plumas del copilli, antes se ganaban por méritos; ahora cada danzante elige las que portará.

El atuendo puede ser exuberante o simplemente blanco.

El elemento que es muy importante portar es aquel que se pone en los tobillos y al danzar interpreta los sonidos del movimiento. Le nombran “ayacastle”.

Estas danzas se acompañan de un tambor (“huehuetl”).

El concepto es que la percusión representa el corazón por lo tanto el “huehuetl” debe seguir el ritmo de la danza. Si el ejecutante lleva un ritmo suave, la percusión va lenta, si la intensidad aumenta; el -corazón se acelera.