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EL AIRE Gabriela Mistral A José Ma. Quiroga Plá
En el llano y la llanada de salvia y menta salvaje, encuentro como esperándome el Aire.
Gira redondo, en un niño desnudo y voltijeante, y me toma y arrebata por su madre.
Mis costados coge enteros, por cosa de su donaire, y mis ropas entregadas por casales...
Silba en áspid de las ramas o empina los matorrales; o me para los alientos como un Ángel.
Pasa y repasa en helechos y pechugas inefables, que son gaviotas y aletas de Aire.
Lo tomo en una brazada; cazo y pesco, palpitante, ciega de plumas y anguilas del Aire...
A lo que hiero no hiero, o lo tomo sin lograrlo, aventando y cazando burlas de Aire...
Cuando camino de vuelta, por encinas y pinares, todavía me persigue el Aire.
Entro en mi casa de piedra con los cabellos jadeantes, ebrios, ajenos y duros del Aire.
En la almohada, revueltos, no saben apaciguarse, y es cosa, para dormirme, de atarle...
Hasta que él allá se cansa como un albatros gigante, o una vela que rasgaron parte a parte.
Al amanecer, me duermo -cuando mis cabellos caen- como la madre del hijo, rota del Aire... | ||||
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