Elegía

Jesús Ferrero • El Mundo

Siempre será un problema para el que aniquila

saber que la víctima tiene cara.

Por eso es tan importante la memoria,

incluso la memoria fotográfica:

el que recuerda una cara guarda la clave de una vida.

Las víctimas que iban en los trenes de la muerte

tenían todas cara, y sus miradas estaban

llenas de matices:

no eran seres sin rostro, animales sin nombre.

Convertirlas de pronto en una abstracción

es ya el abismo.

La muerte nunca es abstracta,

como no es abstracta la vida.

No han desaparecido cuerpos sin pasado,

sin presente y sin futuro,

confundidos en un embudo de tinieblas.

Han desaparecido cuerpos con cara y con ojos,

con sueños, con deseos

cumplidos y sin cumplir.

No eran sombras

pero borrados están, y disipados en el aire

de las calles de Madrid.

Ya sólo pueden vivir en la memoria.