La interesada indefinición del terrorismo

Xavier Caño • Periodista

El terrorismo es noticia, pero también la retórica contra el terrorismo. Georges W. Bush, tras el fatídico 11 de septiembre, proclamó la guerra contra el terrorismo internacional sin una definición precisa de qué es terrorismo.

El presidente ultraconservador Reagan consideró el terrorismo como “un cáncer propagado por bárbaros que se oponen a la civilización”, lo que no es una acertada formulación jurídico-penal. Al terrorismo indefinido, el Gobierno de EEUU opuso una red propia de terror internacional sin precedente, organizada desde Washington, que realizó o apoyó masivas atrocidades en todo el mundo (Nicaragua, El Salvador, Colombia, Irán, Indonesia, Argentina, Turquía...), suministrando armas y financiando las peores violaciones de derechos humanos.

Hasta los noventa, la palabra terrorismo no aparece en tratados internacionales. En 1997, dos convenciones de la ONU incorporan ya esta palabra. En la última convención se define terrorismo como “todo acto destinado a provocar la muerte o daños físicos a una persona civil o a cualquier persona que no participe directamente en las hostilidades en una situación de conflicto armado, cuando por su naturaleza o por su contexto este acto está destinado a intimidar a una población u obligar a un Gobierno u organización internacional a realizar o abstenerse de realizar un acto cualquiera”. Una definición poco precisa, que convierte en esencial la intención de los actuantes violentos y parece inspirada en la del FBI: “El terrorismo consiste en una utilización ilícita de la fuerza y la violencia contra personas o bienes con el objetivo de intimidar u obligar a un Gobierno, población civil o una parte de ella a la consecución de objetivos políticos y sociales”.

Desde que los romanos nos legaron el Derecho, sabemos que nullum crimen sine lege, nulla poena sine lege (no hay crimen sin ley ni pena sin ley); es decir, para determinar que un acto concreto es delito y debe ser castigado es imprescindible definirlo con precisión, así como la pena con la que se sanciona.

La indefinición de terrorismo lo asimila a acciones y actuaciones de oposición o disidencia política y social. La indefinición jurídica internacional del terrorismo asimila las acciones violentas y letales a otras no violentas por coincidir en la intención final; es más, introducir la intención como elemento definitorio abre el camino a la arbitrariedad.

Los medios de coerción del Estado (policía, ejército) en democracia han de tener limitado su recurso a la represión; una forma es definir con precisión las actuaciones y hechos ante los que se puede recurrir al uso legítimo de la fuerza. La consciente y buscada indefinición de terrorismo no es inocente; “el terrorismo es un fenómeno fluctuante y un concepto insuficientemente definido” ha expuesto el ex ministro de Interior de Francia, Jacques Chevenement, y, como ha dicho el filósofo Jacques Derrida, “cuanto más confuso es un concepto, más fácil es su apropiación oportunista”.

La definición rigurosa del terrorismo excluiría las actuaciones que puedan semejarse, pero no son terrorismo, y eso es algo que no interesa a los más fuertes de la Tierra que han convertido terrorismo en un término ideologizado y politizado para estigmatizar y condenar opositores, amén de saltarse las garantías jurídicas exigibles en un sistema democrático.