La “amenaza terrorista” de las fumigaciones

Por Camilo Rueda Navarro

Siguiendo la política de la administración de los Estados Unidos, y para beneficio de los “contratistas” de Dyncorp, en estos primeros meses del año se ha lanzado una nueva amenaza de fumigación sobre el Sur de Bolívar, un mensaje que aterroriza a los campesinos sobre su futuro inmediato. Sin más oportunidades económicas para sobrevivir, muchos han acudido a los cultivos de coca, el único producto que les permite sobrevivir y mantener una economía de guerra, dado el bloqueo paramilitar sobre la zona.

Cuando se planea una fumigación, generalmente el Gobierno envía comunicaciones en las que “informa” sobre una supuesta fecha de realización de aspersiones aéreas. La fecha nunca es cumplida, pero la amenaza de fumigar sí, pues ésta es realizada algunos días antes o después de la fecha antes anunciada. Con anterioridad se escucha en las veredas el sobrevuelo de avionetas, que, según los campesinos, realizan el reconocimiento de la región y la toma de coordenadas del territorio para la fumigación.

Luego se inicia la aspersión de veneno, que está diseñada para hacerse desde ocho o diez metros, pero en la mayoría de los casos se supera esta altura, con lo cual el veneno se esparce y cae a una larga distancia de su supuesto objetivo inicial, los cultivos de coca, para alcanzar selva virgen, cultivos de pancoger, cuerpos de agua e incluso viviendas y caseríos.

La fumigación es acompañada de un operativo militar que cuenta con la participación de tropas terrestres y sobrevuelo de ocho o más helicópteros, los cuales realizan ametrallamientos indis-criminados. Así mismo, el Ejército allana sin orden judicial las casas de los pobladores civiles. Estas acciones militares impiden el normal acceso de productos a la región, así como la movilización de personas.

Las fumigaciones se llevan a cabo de manera alternada, sobrepasando todas las veredas de la región que se fumiga, proceso en el cual pueden durar varias semanas. En ocasiones han tenido la duración de más de dos meses ininterrumpidos. Desde el inicio del Plan Colombia, en el Sur de Bolívar ha habido tres fumigaciones. Y desde febrero, con las fumigaciones sobre la zona conocida como Monterrey, se ha iniciado la cuarta fumigación en apenas cuatro años.

Los campesinos esperan una nueva fumigación. Las fuentes de agua, la salud humana y los cultivos de alimentos están amenazados por el veneno. También lo está la vida de los campesinos, que en cualquier momento pueden recibir un balazo de la “seguridad democrática”. Es el verdadero terror que viven las comunidades.