Aborto: ¿Castigo o aceptación?

Por Enrique Oliva

Pese a que hoy el aborto está penalizado en muchos países, en la antigüedad su práctica era un acto muy común, que no merecía ningún tipo de castigo, muchas culturas antiguas al parecer así lo consideraban.

La historia judeocristiana revela que esta cultura no consideraba al aborto como un asesinato, pero sí como una situación seria y una lesión a la imagen de Dios.

La Biblia, en el libro Éxodo, niega la existencia de una vida humana en el feto. Se consideraba que la vida de la mujer se paga con otra vida, pero la pérdida de un embarazo solamente se pagaba con dinero, es decir, no se considera vida.

Sin embargo, en el Código de Hammurabi, promulgado en 1728 antes de Cristo, los Hititas castigaban el aborto con penas económicas en monedas de plata y hasta con la muerte.

Los fariseos y rabinos consideraban al embrión como una parte visceral del cuerpo materno.

Pasando al mundo misterioso de la India, encontramos en los Vedas que el aborto, si era provocado por la madre, se consideraba como un pecado imperdonable.

Para los textos Budistas del Vinayas, el aborto provocado se veía como una forma reprobable que causaba a otra persona la muerte.

Por otra parte, los antiguos Griegos apoyaban el aborto para regular el tamaño de la población y mantener estables las condiciones sociales.

Cuatrocientos años antes de Cristo, Platón recomendaba el aborto a las mujeres embarazadas mayores de 40 años.

Otro filósofo que ya tenia una visión de planificación familiar era Aristóteles, quien recomendaba el aborto para limitar el tamaño de la población.

Con esto se puede afirmar que desde la antigüedad las posturas frente al aborto han sido muy diversas, según la óptica de la cultura que se trate. Hubo desde quien lo recomendaba hasta quienes lo veían como un asesinato, lo que no varia es que desde entonces la mujer ha sufrido castigos que van desde hacer un pago, hasta permanecer en prisión o bien ser asesinada. Lo que nos lleva a la conclusión de que la mujer es siempre quien lleva las de perder en una sociedad machista y arbitraria donde las reglas sobre qué debe hacer ella con su cuerpo está a disposición de lo que diga, dicte y mande el hombre.

¿No creen que sería más justo que ellas fueran quienes dictaran lo que deben hacer con sus propios cuerpos?