Spanglish only, por favor

México del Norte • Jorge Mújica Murias

“Si yo viviera en México, haría un esfuerzo para aprender Hispanic. Si van a vivir en este país, tienen la obligación moral de aprender el lenguaje”.

Es la opinión de Bob Bright, de 61 años, vendedor de seguros en Líbano. Líbano en el estado de Tennessee, no el de Beirut.

Aunque aprender “Hispanic” no le ayudaría ni en México ni en Beirut ni en Washington, su opinión le ayuda a respaldar la decisión de un juez local del condado de Wilson, Barry Tatum, de condenar a una mujer oaxaqueña de 18 años a “aprender inglés y a usar métodos de control de la natalidad”.

La indígena oaxaqueña, que habla mixteco con fluidez pero poco español, fue denunciada al Departamento de Servicios Infantiles por el delito de no vacunar a su bebé y no ir a la clínica médica. Líbano está a 20 millas de Nashville y tiene 20,000 residentes, entre ellos 1,200 mexicanos que trabajan en la agricultura y manufactura, y uno de cada tres son mixtecos oaxaqueños.

Es la quinta ocasión en que Tatum emite órdenes parecidas. En octubre pasado le dio seis meses de plazo a otra mujer mexicana para “hablar un inglés equivalente al de un alumno de cuarto grado”. Si no hablaba inglés para marzo, le quitarían la patria potestad de su hija de 11 años.

“Si la madre aprende inglés”, dice la orden de la corte, “podrá hablar con su hija por primera vez de cosas substantivamente y demostrará que la ama y que es capaz de hacer cualquier cosa por ella”.

Este mes en Washington, se dio un acontecimiento que rechaza comple-tamente las ideas de Tatum. Por primera vez en la historia, se escuchó un discurso es español.

Lo hizo el cubano Melquíades Martínez, mejor conocido como Mel, electo senador por el estado de Florida.

Pidió permiso antes de hablar en español, y se lo dieron. Su discurso en esta lengua fue breve, pero consta en los expedientes de la sesión ejecutiva del 2 de febrero. No coincidimos con él, porque el discurso fue para apoyar el nombramiento de Alberto Gonzáles como Procurador General de Estados Unidos .

Lo importante no fue el discurso mismo, sino el hecho de que se haya pronunciado en español. De hecho, solamente 27 de los 50 estados de Estados Unidos consideran el inglés como idioma oficial. Y me consta, porque Illinois es uno de ellos, que en la vida real una cosa es “oficial” y otra “obligatorio”. Claro que también en la vida real hay jueces como Tatum, que piensan que no se puede hablar “substantivamente” en español, y gente como Bright, que creen que hablamos “Hispanic”.

Así pues, mientras un senador habla en español, un juez puede quitarle los derechos maternos una india mixteca. A final de cuentas, como siempre, más que discursos en cualquier idioma, necesitamos más acción que palabras.