Evitan remesas de paisanos que la pobreza se dispare

Por Miguel Anguiano

Si los inmigantes mexicanos que radican en Estados Unidos dejaran de enviar dinero a sus familias, la pobreza aumentaría al menos en un 10 por ciento y cientos de miles personas estarían sumidas en un espantoso escenario de miseria social.

Así lo dibuja un informe que analizan legisladores que integran diversas comisiones del Senado de la República, en el cual se establece que las remesas enviadas por los compatriotas que se encuentran allende las fronteras sumaron durante el año pasado alrededor de 16 mil 600 millones de dólares.

Información recopilada entre especialistas, como la economista Liliana Meza, de la Universidad Latinoamericana, coinciden en que los envíos que hacen conjuntamente todos los grupos que emigran a Estados Unidos, procedentes de El Salvador, República Dominicana y México, alcanzaron cantidades récord durante 2004, situación que los ha hecho peligrosamente dependientes de esa fuente de divisas para amortiguar los efectos del lacerante subdesarrollo.

El interesante documento, en poder de los senadores mexicanos, revela que entre los años 2003 y 2004 el total de remesas enviadas a América Latina y el Caribe pasó de 38 mil a cerca de 45 mil millones de dólares, estimaciones que están fundamentadas en estadísticas confiables del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Este interesante fenómeno político-financiero no sólo beneficia, aunque con mayor dependencia de Estados Unidos a los países expulsadores de mano de obra, sino que, también, arroja enormes ganancias para las instituciones financieras privadas, porque a mayor número de transacciones para el envío de dinero, mayor es el flujo de movimientos cobrables.

En el panorama mundial de las remesas, México se sitúa en segundo lugar, detrás de India, y concentra las tres terceras partes de los envíos hacia América Latina y el Caribe, además de que se estima que el 20 por ciento de las familias mexicanas recibe algún tipo de envío de sus migrantes en Estados Unidos.

En opinión de la investigadora Carla Perderzini, las remesas, sin duda alguna, elevan el nivel de vida de los grupos que las reciben, pero son una solución solamente a corto plazo, pues a la postre éstas podrían tener un efecto negativo sobre la economía, porque esos núcleos se apartan cada vez más de los procesos productivos del país y permanecen como dependientes de ese flujo de dinero.

El documento del Senado de la República señala que en el campo mexicano los dólares de los trabajadores que emigran superan ampliamente las subvenciones o las ayudas públicas y hasta el Gobierno mexicano se alimenta de esas ayudas para construir infraestructura en los estados.

Establece, también, que el programa “Dos por uno” o “Tres por uno” permite al trabajador que emigra efectuar un pago que se destina a un fondo comunitario en su municipio de origen, con lo que el Gobierno multiplica, entonces, por dos o por tres el saldo del fondo destinado a un proyecto específico.