Las niñas también van a la Guerra

Por: Ana Muñoz / CCS

Más de 300,000 menores son utilizados como soldados en conflictos armados. De ellos, más del 40% son niñas. Amnistía Internacional, Save the Children, Alboan y Entreculturas se han unido para luchar para que los niños no sean utilizados en las guerras, pero también hacen una llamada de atención a la situación de las niñas, las grandes olvidadas de los programas de reinserción para los menores soldados.

Cada día es más frecuente ver a las niñas en el frente. Hasta ahora su condición de mujer las relegaba a un segundo plano y esto ha provocado su discriminación a la hora de entrar en los programas de desarme. El desarme de Mozambique de 1994 es un claro ejemplo. Allí, las niñas y mujeres fueron ignoradas.

La mayoría de estas niñas, como los niños, son secuestradas en la calle, sacadas de las aulas o forzadas a abandonar sus casas a punta de fusil. Las niñas adquieren las tareas “típicas” de la mujer: limpiar los campamentos, cocinar... Se convierten en “esposas” de otros combatientes, si tienen suerte. Y, como en la vida real, hacen las tareas más “sucias”: espían o realizan incursiones en campos minados como escudos humanos. A todas estas tareas hay que sumar la de ser esclavas sexuales para los oficiales y miembros de alto rango.

En más de 30 conflictos armados de todo el mundo, sobre todo en Asia y África, los niños y niñas son utilizados como soldados. Más de 20,000 niños en Uganda, 12,500 en la República del Congo, más de 12,000 o 14,000 en Colombia visten con uniforme y llevan fusiles en sus manos.

La entrada en vigor del estatuto de la Corte Penal Internacional que considera un crimen el reclutamiento de niños menores de 15 años, que se ratificó en 2002, fue un gran paso, según explica Unicef. La ratificación por 104 países del Protocolo Facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño, también lo fue. Sin embargo, no sólo es necesario la elaboración de grandes pactos internacionales, sino que hay que involucrar en estos procesos a las guerrillas y grupos armados no gubernamentales.

La reinserción en la sociedad de estos niños de las trincheras es difícil. La jerarquía militar que han aprendido desde muy jóvenes, la pérdida de valores y la falta de límites morales hacen difícil la vuelta a casa. En el caso de las niñas, aún es peor. Las que consiguen escapar del frente, son, en muchos casos, repudiadas por sus familias. Vuelven embarazadas o con bebés. Son niñas estigmatizadas por la violencia sexual a la que han sido sometidas y el temor a denunciar estas violaciones a sus derechos hace que no tengan acceso a servicios sanitarios ni a la atención psicológica necesaria. Además, sufren el rechazo de la comunidad por miedo a las enfermedades de transmisión sexual por las que puedan estar infectadas.

A pesar de todo, algunos niños entran a formar parte de grupos armados como medio para salir de la pobreza. En su mayoría, los niños soldado provienen de familias de recursos económicos muy bajos y, en ocasiones, de familias desestructuradas. La falta de oportunidades y de educación les llevan a enrolarse como medio para ganarse la vida.