No es la seguridad, son los intereses

Por: José Carlos García Fajardo / CCS

Más de 200,000 personas figuran como terroristas en una base de datos presentada en un informe de la National Security Agency, una de las dieciocho agencias de espionaje al servicio del gobierno estadounidense. La mayoría de estos presuntos terroristas viven fuera del territorio norteamericano.

John D. Negroponte, director de estas agencias que generan un gasto de 45,000 millones de dólares al año ­esta cantidad supera el total del presupuesto militar de China, el de Francia y el del Reino Unido, incluyendo los gastos nucleares­, ha presentado en un informe de 25 páginas una valoración, que sólo repite generalidades ya conocidas, de las “amenazas” a las que se enfrenta Estados Unidos.

La maquinaria de espionaje más grande del mundo, creada en la segunda mitad del siglo pasado, ha dado resultados inesperados: lejos de enfrentarse, China y Rusia han mejorado sus relaciones e incluso pactado un acuerdo fronterizo por el que estuvieron enfrentados el siglo pasado; India y Pakistán se hicieron con la bomba nuclear; el 11 de septiembre; el terrorismo y la guerra siguen a flor de piel en Afganistán; la democracia en Irak no ha calado; muchos países de América Latina se alejan cada vez más del ALCA y del modelo neoliberal; y ha resultado imposible disuadir a los países del “Eje del mal”.

El informe señala que el terrorismo es la amenaza número uno para los ciudadanos norteamericanos, para la patria, sus intereses y sus amigos. Le preocupa el rápido aumento de posibles amenazas y por tanto objetivos a identificar, vigilar y espiar. Según el informe, los principales objetivos son los grupos terroristas, las comunidades alienadas, las redes de proliferación, los individuos carismáticos, los narcotraficantes y los riesgos químicos.

Al Qaeda no está desarticulada a pesar de los primeros éxitos en Afganistán. La frontera afgano-pakistaní alberga bases del grupo terrorista que no están controladas por los servicios de inteligencia. Muchos de los terroristas ven en Abu Mussab Al-Zarqaui, el jefe de Al Qaeda en Iraq, una fuente de inspiración para sumarse a la comunidad yihadista y, según Negroponte, el número dos considera a Irak la primera etapa de la creación de un califato mundial con centros en Egipto, Siria, Jordania, Líbano, Arabia Saudita y los países del Golfo Pérsico. Iraq sería el epicentro.

Otras conclusiones banales del informe: Siria incita al odio y al extremismo; se fortalecerán los lazos entre Hugo Chávez y Fidel Castro, ya que Venezuela cubre dos terceras partes de las necesidades petroleras de Cuba a precios preferenciales; Chávez busca restablecer relaciones comerciales, diplomáticas y militares con Irán y con Corea del Norte, además de reducir su cooperación en la lucha contra el narcotráfico.

Del informe se deduce la definición de “terrorista”: cualquier persona o Estado que amenace los intereses de Washington. Después de estudiar el informe, un conocido periodista de la prestigiosa revista Jeune Afrique dijo que si lo hubiera recibido de un redactor como un trabajo periodístico, se lo habría devuelto con el comentario, muy común en las redacciones serias: “Ya conocido por los lectores, no les enseñará nada nuevo”.