En un pueblo de inmigrantes, más de 300 mil de ellos exigen sus derechos

La marcha por la dignidad y derechos de los inmigrantes, todos somos América, fue una marcha multicultural. Gente de todos los colores, religiones e idiomas gritaron a una sola voz “Sí se puede”.

De todos los barrios y algunos suburbios vinieron jóvenes, familias enteras, ancianos en sillas de ruedas y personas con discapacidad, atendiendo el llamado de la organización Centro Sin Fronteras y la Coalición de Illinois por los Derechos de los Inmigrantes.

Aunque la gran mayoría eran mexicanos, también había irlandeses, salvadoreños, chinos, vietnamitas, polacos, todos usando prendas de vestir blancas y cargando banderas estadounidenses.

Venían del Medio Oeste, de los suburbios del sur o del norte, compañeros de trabajo, gente de fábricas, obreros, ejecutivos y estudiantes se encontraron en esta cruzada contra la ley HR 4437 que criminaliza a todas las organizaciones o individuos que asistan o ayuden a los indocumentados y también el status de las personas indocumentadas. Además autoriza a las agencias policíacas locales y estatales a reforzar las leyes migratorias.

Así, desde tempranas horas de la mañana varias estaciones de metro claves estaban casi colapsadas, con la cantidad de inmigrantes queriendo llegar al Parque Unión, de donde salió la marcha a las 12 mediodía.

Después de llegar a la Plaza Federal, donde terminó la marcha se inició un Rally en pro de los derechos de los inmigrantes.

Poco antes de la 1 de la tarde la plaza estaba a reventar.

Miles agitaban las banderas y diversas pancartas: “Stop GESTAPO practics, No HR4437”; “Sensenbrenner Mendigo racista”; “No somos criminales”. Las voces rugían “viva la raza”; “se ve, se siente, el pueblo está presente”; “aquí estamos y no nos vamos, y si nos tratan de echar, regresamos”, gritó Emma Lozano, una de las principales organizadoras, directora del Centro Sin Fronteras.

A la primera columna de la marcha, la multitud los recibió calurosamente. La primera imagen era un Cristo en una cruz de madera, los integrantes de un grupo de danza indígena, con sus tambores y penachos aztecas, y un grupo de manifestantes en zancos.

Los momentos más importantes fueron cuando hablaron el alcalde de la ciudad Richard Daley; seguido del Gobernador del Estado, Rod Blagojevich.

“Nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro tiene que ver con los inmigrantes y nadie puede darles la espalda; y esta lucha incluye a los americanos porque todos en América son inmigrantes”, exclamó Daley. “Esta batalla nunca se perderá porque finalmente el gobierno federal entenderá que ustedes están en lo correcto”, añadió.

Por su parte, Blagojevich se expresó en español: “Familia, trabajo y oportunidades son mis valores, y como hijo de inmigrantes y padre de familia entiendo la importancia de mantener las familias unidas. Ustedes no son criminales; son trabajadores”, señaló.

También aprovechó para señalar la diferencia con que se ha abordado este tema en Illinois y en California, ya que dijo que cómo es posible que en uno de los estados más grandes del país, el mismo gobernador sea un inmigrante; pero actúa como si se le hubiera olvidado”, dijo refiriéndose a Arnold Schwarzenegger.

El senador Richard Durbin exclamó a voz en cuello: “¡Sí se puede!” y fue enfático al insistir en que seguirá apoyando el DREAM Act, para que los estudiantes indocumentados puedan tener acceso a una educación superior y mejores oportunidades de desarrollo profesional.

A la manifestación se iban sumando personas de los edificios y de las obras de construcción. Por las ventanas de los rascacielos del centro la gente vitoreaba la marcha por la justicia y derechos humanos de los inmigrantes. Nunca se había escuchado tan fuerte la voz inmigrante, sobre todo la hispana que marcó la pauta.

Casi a las 3 de la tarde los asistentes empezaron a buscar una ruta por la cual salir, ya que los organizadores pidieron a la gente que se fuera retirando.