Imperio o democracia

Por Alberto Piris / CCS

El último libro del historiador y politólogo estadounidense Chalmer A. Johnson se titula Némesis, los últimos días de la República Americana. Némesis, llamada también “la hija de la noche”, representa la justicia divina y la venganza de los dioses. Personifica su ira frente a la soberbia y la altivez de los transgresores de la ley.

La elección del autor por este título responde a la idea de que el castigo se cierne sobre la soberbia y la altivez de EEUU Estados Unidos en su actual evolución como una potencia imperial con intereses en todo el planeta.

El tema básico desarrollado en la obra consiste en mostrar la actual validez del principio histórico-político de que la más inestable situación que pueda imaginarse, para una gran potencia, es la de intentar ser una democracia de puertas adentro y un imperio invencible de puertas afuera. En esa situación se encuentra hoy EEUU Estados Unidos. El fracaso es inevitable, según Johnson. Ambas tendencias son incompatibles y una necesariamente dominará sobre la otra.

Se advierte una crítica combinación de factores: unos enormes y poderosos ejércitos desplegados en todo el planeta. Johnson contabiliza la tendencia a entablar guerras sin fin, como la declarada por Bush contra el terrorismo; la dependencia económica de EEUU Estados Unidos del complejo militar-industrial; los ruinosos gastos militares incluidos en un gigantesco presupuesto de defensa; y la creación del segundo Departamento de Defensa, que agrava la militarización de la política. Todo ello, afirma Johnson, está destruyendo la tradicional estructura republicana de gobierno, acercándola a lo que podría considerarse una presidencia imperial.

Peligra la supervivencia de aquella estructura política basada en una rigurosa separación de poderes y en los frenos y contrapesos que los fundadores de EEUU Estados Unidos incluyeron en la Constitución, a modo de inexpugnables baluartes contra la dictadura y la tiranía que tanto temían y habían sufrido en la Europa de su época.

El ejemplo de la decadencia y caída del Imperio Romano salta a la vista, aunque no sea el único. Roma decidió mantener el imperio y abandonar la democracia, con el resultado por todos conocido. Por el contrario, se puede elegir la democracia y perder el imperio, como hizo Inglaterra tras la II Guerra Mundial. Inglaterra prefirió democracia a imperio, aunque al resultado final contribuyó también la política de EEUU Estados Unidos y el enfrentamiento entre los bloques.

Como forma de gobierno, el imperialismo no necesita el consentimiento de los gobernados, pues es una tiranía. Intentar combinar una democracia interna con el control tiránico de los pueblos sometidos es una contradicción irresoluble. “Un país puede ser democrático o puede ser imperialista, pero no las dos cosas a la vez”, afirma el autor.