Carta del obispo de Florida, Robert Bown, a Bush

Los puntos más importantes.

Señor Presidente:

Cuente la verdad al pueblo, sr. Presidente, sobre el terrorismo. Si los mitos acerca del terrorismo no son destruidos, entonces la amenaza continuará hasta destruirnos por completo.

La verdad es que ninguno de nuestros millares de armas nucleares puede protegernos de esa amenaza. Ni el sistema de “guerra en las estrellas” podrá protegernos de un arma nuclear traída en un barco, avión o auto alquilado

Como teniente coronel retirado y frecuente conferencista en asuntos de seguridad nacional, siempre cito el salmo 33 “Un rey no está a salvo por su poderoso ejército, así como un guerrero no está a salvo por su enorme fuerza”. La reacción obvia es: “¿Entonces, qué podemos hacer? ¿No existe nada que podamos hacer para garantizar la seguridad de nuestro pueblo? Existe. Pero para entender eso, precisamos saber la verdad.

Usted no contó al pueblo americano la verdad sobre por qué somos el blanco del terrorismo, cuando explicó por qué bombardearíamos Afganistán y Sudán. Dijo que somos blanco del terrorismo porque defendemos la democracia, la libertad y los derechos humanos del mundo. ¡Qué absurdo!

Somos blanco de los terroristas porque, en la mayor parte del mundo, nuestro Gobierno defendió la dictadura, la esclavitud y la explotación humana.

Somos blanco de los terroristas porque somos odiados. Y somos odiados porque nuestro Gobierno ha hecho cosas odiosas. ¿En cuántos países agentes de nuestro Gobierno depusieron a líderes popularmente elegidos, sustituyéndolos por dictadores militares, marionetas deseosas de vender a su propio pueblo a corporaciones norteamericanas multinacionales?

Hicimos eso en Irán cuando los marines y la CIA derrocaron a Mossadegh porque tenía la intención de nacionalizar el petróleo. Y lo sustituimos por Sha Reza Palhevi y armamos, entrenamos y pagamos a su odiada Guardia Nacional que esclavizó y embruteció al pueblo iraní para proteger el interés financiero de nuestras compañías de petróleo.

Después de eso, ¿será difícil de imaginar que existan en Irán personas que nos odien? Hicimos lo mismo en Chile, en Vietnam, más recientemente intentamos hacerlo en Irak. Y claro, cuántas veces hicimos eso en Nicaragua y en otras repúblicas de América Latina. Una vez tras otra, hemos destituido líderes populares que deseaban que las riquezas de su tierra fueran repartidas entre el pueblo que las generó.

Nosotros los reemplazamos por tiranos asesinos que venderían a su propio pueblo para que, mediante el pago de abultadas propinas, para engordar sus cuentas particulares, las riquezas de su propia tierra pudiera ser tomada por Domino Sugar, United Fruit Company...

En cada país, nuestro Gobierno obstruyó la democracia, sofocó la libertad y pisoteó los derechos humanos. Es por eso que somos odiados en todo el mundo. Por eso somos el blanco de los terroristas.

Ese odio que sembramos se volvió en contra nuestra para asombrarnos, en forma de terrorismo y, en el futuro, el terrorismo nuclear.

Una vez dicha la verdad sobre por qué existe la amenaza y una vez entendida, la solución se torna obvia.

Necesitamos cambiar nuestras costumbres. Librémonos de nuestras armas nucleares y mejorará nuestra seguridad, alterando nuestra política exterior. En lugar de enviar a nuestros hijos a todo el mundo para matar árabes de modo que podamos tener su petróleo, deberíamos mandarlos para que reconstruyan sus infraestructuras, proveerlos de agua limpia y alimentar a sus niños hambrientos.