Las fábulas de Esopo son parte importante de la literatura. Estas historias protagonizadas generalmente por animales, nos dejan una enseñanza (moraleja).

Dos fábulas de Esopo, que tienen un gran mensaje son La zorra y los racimos de uvas y El viejo perro cazador, pon atención, aplícalas en tu vida diaria que te ayudarán a ser una mejor persona.

La zorra y los racimos de uvas

La zorra tenía mucha hambre, de repente vió colgando de una parra unos deliciosos racimos de uvas, quiso atraparlos con su boca, pero no pudo alcanzarlos. Enojada la zorra por esto se dijo a sí misma ­ total ni me agradan mucho las uvas, aparte están verdes...!

Moraleja: Nunca se debe culpar a los demás por los errores, o por aquello que no se puede hacer o alcanzar, se debe aceptar la culpa y responsabilidad de los propios actos.

El viejo perro cazador

Un viejo perro cazador, que en sus días de juventud y fortaleza jamás se rindió ante ninguna bestia del bosque, encontró en sus días de vejez a un jabalí en una cacería, lo agarró por la oreja, pero no pudo retenerlo por la debilidad de sus dientes, de modo que el jabalí escapó. De pronto llegó el amo, el cual estaba muy enojado con el perro y groseramente lo regañó. El perro lo miro triste y lastimosamente y le contestó:-Mi amo, mi espíritu está tan bueno como siempre, pero no puedo sobreponerme a mis flaquezas del cuerpo. Yo prefiero que me alabes por lo que he sido, y no que me maltrates por lo que ahora soy. 

Moraleja: Respetar a los ancianos, pues aunque ya no puedan hacer todo lo que acostumbraban, dieron lo mejor de su vida para tu beneficio.


ESOPO

No existen muchos datos sobre la vida de Esopo; ya que en la época clásica su figura real se vio rodeada de elementos legendarios e incluso se ha puesto en duda su existencia por algunos historiadores. Sus fábulas se utilizaban como libro de texto en las escuelas y Platón dice que Sócrates se sabía de memoria los apólogos de Esopo. El pueblo de Atenas encargó al escultor Lisipo la realización de un busto del poeta.

Según una tradición muy difundida, nació en Frigia (el Esopo es un río frigio), aunque hay quien lo hace originario de Tracia, Samos, Egipto o Sardes. Vivió en la Grecia Antigua en el siglo VII a.C.

Sobre él se conoció una gran cantidad de anécdotas e incluso descripciones sobre su físico recogidas en la “Vida de Esopo”, escrita en el siglo XIV por Planudo, un monje benedictino, si bien es dudosa su validez histórica.

Así, se cuenta que Esopo fue esclavo de un tal Jadmón o Janto de Samos, que le dió la libertad. Debido a su gran reputación por su talento para el apólogo, Creso le llamó a su corte, le colmó de favores y le envió después a consultar al oráculo de Delfos, a ofrecer sacrificios en su nombre, y a distribuir recompensas entre los habitantes de aquella ciudad. Irritado por los fraudes y la codicia de aquel pueblo de sacerdotes, Esopo les dirigió sus sarcasmos y, limitándose a ofrecer a los dioses los sacrificios mandados por Creso, devolvió a este príncipe las riquezas destinadas a los habitantes de Delfos.

Éstos, para vengarse, escondieron entre los equipajes de Esopo una copa de oro consagrada a Apolo, le acusaron de robo sacrílego y le precipitaron desde lo alto de la roca Hiampa. Posteriormente se arrepintieron, y ofrecieron satisfacciones y una indemnización a los descendientes de Esopo que se presentaran a exigirla; el que acudió fue un rico comerciante de Samos llamado Jadmón, descendiente de aquel a quien Esopo perteneciera cuando fue esclavo.

Lo que sí parece cierto es que Esopo fue un esclavo, y que viajó mucho con su amo, el filósofo Janto, tal y como se puede ver en la historia de su vida.